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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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19 Enero 2017 04:00:00
Qué huevos
Los huevos de oro de la gallina que se murió en las manos de Peña. Los funerales, a cargo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que pronto “dará a conocer a los empresarios gasolineros el próximo incremento en el precio de la gasolina y el diésel, programado para el 3 de febrero, que podría ascender al 10 por ciento”.

Y a propósito de huevos: por si algo pudiese servir a Peña y congéneres, aquí sintetizo la fabulilla ajena del ave fénix y un tal Poldero, zafio y codicioso dirigente no de un país, sino de un zoológico, que en tantos sentidos vienen a ser semejantes.

Ocurrió, señores Peña y cómplices, que el tal Poldero manejaba uno de los más rentables negocios de la ciudad, un zoológico surtido de toda suerte de mamíferos y aves de uña y garra traídos de muchas regiones del continente, pero incompleto, situación que ocasionaba en Poldero un sentimiento de frustración. Y es que para que fuese completo el dicho zoológico echaba de menos un solo ejemplar: el ave fénix. Así fue como el hombre se dio a la tarea de ubicar el pajarraco y a cualquier precio acarrearlo al zoológico, empresa en la que empeñó esfuerzos, dinero y emisarios que a una orden de su jefe se dieron a la tarea de recorrer diversos países en busca del ave exótica y a indagar, explorar, examinar durante años, hasta que el día señalado...

¿En Egipto, en Arabia, en dónde fue? El exótico pajarraco apareció en algún oscuro rincón de alguna oscura selva ubicada en algún oscuro país y fue a amanecer encerrado en su jaula de lujo. He ahí al ave fénix. Codicioso, Poldero inició un profuso despliegue de propaganda en la que invitaba a curiosos e interesados a adquirir su boleto y conocer al ave exótica de las plumas doradas. La campaña para incrementar la venta de boletos comenzó en medio de promisorios augurios (tomar nota, señor Peña y los suyos).

Aquella fue una campaña exitosa, pero sólo al principio. A la expectación del fénix los curiosos se agolparon ante la jaula de un pájaro que permanecía quieto, como indiferente a la expectación de los visitantes que se detenían a verlo, observarlo y examinarlo, pero que nada de extraordinario detectaban en él. Fue así como los curiosos terminaron por aburrirse de un pajarraco nada espectacular. La jaula del fénix quedó abandonada.

–Lo que ha ocurrido es que los visitantes admiran changos o al cocodrilo que se tragó a una mujer, no a un pajarraco tan pacífico y apacible como el fénix, dijo el administrador, pero al negociante le urgía recuperar el dinero que había invertido en el animalejo. Y qué hacer.

–Nada, decidió entonces, sino cambiar de inmediato este animal anodino por un fénix más atractivo, uno que cuente con un pasado hazañoso, espectacular, para que despierte interés de quienes invierten en su boleto.

Pues sí, pero lástima, porque eso no era posible, según le informó el administrador.

–Imposible. Sólo este existe en el mundo y no tiene pareja ni la desea. De viejo se prende fuego y emerge milagrosamente renacido. Tal es el fénix.

“Conque así está el asunto”. Y Poldero se dispuso a actuar.

–Siendo así, rápido, tenemos que envejecer ese pájaro.

Entonces (fijaros bien, señor Peña y su tribu), Poldero comenzó por disminuirle a la mitad y luego a la cuarta parte su ración de carne, pero el fénix no envejecía. Más tarde le suprimió la calefacción, pero nada.

(Esto sigue…).
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