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20 Julio 2014 04:04:25
¿Qué onda con… el derecho de pernada?
Por J. López El “derecho a la primera noche” –también conocido como Iusprimaenoctis, en latín, o Droit de cuissage, en francés– se ejercía por parte del señor feudal al tener relaciones sexuales con la novia del siervo en su noche de bodas. Este poder de apropiación carnal de la virginidad de sus súbditas por parte del señor feudal, sintetizaba las relaciones de dominio sobre los campesinos. El derecho de pernada sólo podía ser evitado si el siervo pagaba en metálico una suma de dinero que generalmente estaba muy por encima de sus posibilidades.

Aunque existen evidencias de esta práctica durante la Edad Media europea, e incluso antes, se ha tendido una “cortina de silencio” histórica para ocultarla o justificarla, ya sea mediante el argumento del “mandato divino” o tratando de encontrar parangón en ciertos comportamientos animales para controlar la manada y asegurar la descendencia.

Esta cortina de silencio medieval no pudo ocultar innumerables signos que en el arte feudal se expresaron contra esta práctica. Sólo mencionaremos dos casos: a) los hechos de abuso sexual en el pueblo cordobés de Fuente Obejuna, entre 1474 y 1516, que serían inmortalizados por Lope de Vega en 1619 con su obra teatral “Fuenteovejuna”; b) “Las bodas de Fígaro, de Mozart”, basada en la obra de teatro de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, que estuvo censurada por años porque atentaba contra los privilegios de la nobleza, criticaba el orden social y reflejaba el fermento de la lucha de clases que más tarde se expresó en la Revolución francesa de 1789.

La acumulación de la indignación en la Edad Media por este tipo de abusos sexuales desató numerosas rebeliones campesinas en contra del modo de generación y apropiación de la riqueza. Una de las más documentadas se suscitó entre 1440 y 1486 con la servidumbre de Remensa en Cataluña.

Estas rebeliones campesinas les reprocharon dicha práctica a los señores feudales y los forzaron al reconocimiento de la institución del matrimonio canónico entre la servidumbre. Un matrimonio “bendecido por Dios” tenía mayor rango que una simple unión civil, así que cada vez fue más complicado justificar el derecho de pernada. Hoy en Occidente no es socialmente reconocida la primaenoctis, pero hay, en muchas otras culturas, expresiones igualmente lacerantes. La situación general de la mujer, y en concreto de su sexualidad, sigue siendo un indicador del estadio general de la época social e histórica.

1 Por ejemplo, Heródoto afirmaba que entre los adirmáquidas era costumbre “presentar al rey todas las doncellas que están para casarse, y si alguna le agrada, él es el primero en conocerla”.
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