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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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17 Febrero 2018 04:00:00
¡Quémenlos vivos!
Un centenar de personas lincha a un supuesto ladrón en Puebla. Murió por los golpes recibidos cuando estaba colgado de los pies. (Ref.,13-II-18.)

¿Quién es la víctima? ¿Quién es el verdugo? La víctima somos todos y todos el verdugo de todos, comenzando con jueces y magistrados encargados de impartir la justicia en este país. Todos somos el linchado y el que blandió el garrote y encendió la hornaza. Somos el protagonista de eso horroroso que ocurrió  ayer y anteayer, y seguirá ocurriendo en México.

Verdugos y víctimas son las masas y todo en el mundo gira alrededor de las masas: los sistemas fascistas, los gobiernos autocráticos, los partidos políticos, los organismos sociales y los credos religiosos. Todos ellos gravitan en derredor de unas masas que para el socialismo utópico sólo sirven para gobernar y sólo para ser gobernados según el capitalismo real. Los sistemas de poder, por asunto de ventaja personal y de grupo, han terminado por convertir el elogio de las masas en una industria en verdad lucrativa. Para mantenerlo sometido se viven ensalzando al rebaño de perplejos, como lo llama Chomsky. Muy distinto el individuo de ideales.

Único, irrepetible e impredecible es el individuo. Rebelde a la mediocridad, rechaza la vocación de esclavo. Carácter, inteligencia, personalidad, el individuo de ideales es capaz de pensar, de crear estrategias, de avanzar solo, a acierto y error, por caminos que abre  al andar, como dice Machado.

Pero también suele ocurrir, dicen Freud y algunos más, que en ocasiones ese mismo individuo, por el peso de la soledad del que avanza sin más compañía que la de su propia libertad, llega a rendirse y se integra a la masa de entes todos iguales entre sí, entonces desciende varios peldaños en la escala de la civilización,  su alma individual diluida en el alma colectiva. Sus pensamientos y acciones, al ser de la masa, son ahora impulsivos, tornadizos, viscerales, irreflexivos. Su actividad intelectual se ha erosionado en la misma medida en que se acrecentó su integración a la masa irracional. Manejado por el líder, el individuo se tornó bárbaro y es arrastrado a la violencia, la ferocidad, el entusiasmo y el heroísmo de los seres primitivos. Lo heterogéneo del individuo se ha convertido en lo homogéneo de una masa exaltada por los demagogos.

Ya en su nueva condición de masa, el individuo sacrifica fácilmente su interés personal al interés colectivo. Ha perdido su personalidad consciente y sólo obedece a las sugestiones del patriarca al que la masa buscó para acatar (a lo visceral, a lo irracional) su liderazgo. Si el individuo ataca al líder, la masa lo acata. En él mira a su santón, su mesías, su iluminado; todo ello porque el rebaño es simplista y procede con la psicología del niño y como él, vive dando preferencia a lo fantástico sobre lo real y quiere ser sometido; necesita ser dominado, subyugado, tener y mantener a su  amo, pertenecerle. Ahí el éxito del caudillo, de  los fascismos, de los falsos profetas, del demagogo.

¿Qué fue del varón de ideales? Ocurrió que el doctor Jekyll se transformó en Mr. Hyde y ya convertido en masa se dispone a golpear raterillos, a desgarrar sospechosos de ser sospechosos, a descuartizar infelices que asaltaron a los infelices pasajeros del microbús. ¡A hacernos justicia por propia mano!, cuando mal  conocen la justicia. ¡Fuenteovejuna, señor! Cuando no la ha leído. ¡Mátenlos!  En Tláhuac, en Tlalpan, en Otumba, en San Andrés Tlalamac, en San Gabriel Ometoxtla, en.

¡A quemarlos vivos! (México).
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