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Querida Ana
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03 Julio 2018 04:00:00
Querida Amiga Gringa
QUERIDA ANA:

Hemos tenido amistad durante muchos años con una familia que vive en Estados Unidos. Los padres murieron hace muchos años, son cuatro hermanos, tres mujeres y un hombre. Una de las mujeres vino muchas veces a visitarnos y la llevamos en varias ocasiones a la sierra de Arteaga. A ella le fascinaba ir. Unos amigos nos prestaban una cabaña y nos quedábamos allá varios días. Le encantaba levantarse temprano para ir a caminar y regresar a preparar bisquets y huevos estrellados para el desayuno. También llevábamos tortillas de harina que le gustaban tanto y hacíamos palomitas de huevo y tacos de barbacoa. Aprendió a comer chile y le gustaba también mucho la comida mexicana, hasta los nopalitos con chile cascabel. Las gorditas, los tacos; el cabrito, tanto al pastor como en fritada, la barbacoa, el mole y el arroz. En fin, todo le gustaba. Creo que era una mexicana en un cuerpo de gringa.

Desde luego aprendió a hablar español y lo hablaba bastante bien. Mi mamá no hablaba inglés y decía que como quería hablar con ella, tenía que aprender español, así que lo hizo, y lo hizo muy bien. También estudió historia de México, especialmente la época prehispánica. Era una fanática de México.

Pues hace dos meses nuestra amiga estadunidense falleció. Nos avisó su hermana y yo tomé un avión y me fui a Chicago a acompañarlos y a darle el último adiós a nuestra querida amiga. Pero no fue el último adiós. Ella había dispuesto que la cremaran y sus cenizas fueran esparcidas en la sierra de Arteaga, justo en los lugares donde íbamos y ella fue tantas veces a caminar. Y pidió que nos rogaran que al esparcirlas cantáramos México Lindo y Querido.

Así pues, me traje las cenizas de nuestra tan querida amiga y una de sus hermanas me acompañó y toda la familia con ella a la cabeza fuimos a la cabaña. Esa noche la pasamos allí con las cenizas, como si ella durmiera por última vez allí. Por la mañana sacamos la urna a caminar un poco por donde ella acostumbraba, regresamos a la casa, hicimos bisquets, huevos y también tacos de barbacoa en tortillas de harina con salsa de chile cascabel.

Al terminar salimos todos a esparcir las cenizas por los senderos donde ella acostumbraba caminar, unas veces sola y otras con nosotros. Fueron momentos muy emotivos para todos, lloramos, nos reímos, cantamos y su hermana dijo: “Con razón ella era feliz acá y le gustaba tanto la sierra que quiso venir a reposar aquí”. Ella se fue encantada de todo lo que se hizo, y dijo que ahora ella es la que va a venir cada vez que pueda. Quise contarle esta historia que nos llegó muy adentro del corazón y me gustaría que la disfrutaran tanto usted como sus lectores. Gracias Ana por su gentileza.

AMIGA GRINGA

QUERIDA AMIGA GRINGA:

Qué bello testimonio de amistad, tanto de parte de esa persona como de ustedes. De verdad ella supo elegir amigos y el espléndido lugar donde iban a reposar sus cenizas. Cuánto agradezco el relato tan detallado y hermoso que nos ha hecho de este suceso tan feliz, a pesar de haber sido un funeral.

ANA
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