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Querida Ana
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29 Marzo 2018 04:00:00
QUERIDA ANA
...esta probadita va a despertar en ustedes este apetito que se apoderó de mí cuando la conocí...

QUERIDOS LECTORES:

Como todos los años, en estas fechas, publicaré algunos temas de reflexión los días Jueves y Viernes santos. Es un pequeño alto en el ajetreado camino por el que vamos todo el año. En ocasiones deseamos desligarnos, apartarnos, alejarnos de los hechos cotidianos para sacudirnos un poco el polvo de los problemas, de las penas y de los rompecabezas que nos afligen cada día y a muchos, constantemente. Esta es la oportunidad.

Una santita muy amada por mí, pues me permitió acercarme a ella hace algunos años de manera muy peculiar, cuando sus reliquias fueron traídas a Saltillo, es Santa Teresa del Niño Jesús. Cuando me dirijo a ella le digo solamente “Teresita”, omito irrespetuosamente el “Santa”. ¿Por qué? Porque siento que estoy tan cerquita de ella que ella misma me lo ha permitido. ¿Les gustaría conocerla un poquito? Si se animan, esta probadita va a despertar en ustedes este apetito que se apoderó de mí cuando la conocí. Es muy pequeño el espacio, pero ella me va a ayudar para que sea suficiente poner ante ustedes la figura de esta hermosa mujer para que al menos se interesen en conocerla. Y eso será ese poquito que yo necesité para querer conocerla más.

ANA

Es una suerte poder entrar y pasearse en la interioridad de una persona santa. Y Teresita de Lisieux, ahora doctora de la Iglesia nos pide entremos con sencillez en su intimidad cuando leemos al menos algunas páginas o textos escritos por ella, en los que abre su corazón con intención de llevar a cabo la “misión de hacer amar a Dios como yo le amo”, como ella misma escribe. Por ello, los invito a leer hasta el final este día, y mañana, una muy breve biografía de ella y algunos trocitos de sus manuscritos. Escribió su autobiografía, contando la historia de su alma. Además escribió poesías, oraciones y más de 250 cartas. Quienes convivieron con ella durante su enfermedad, recogieron por escrito las Últimas Conversaciones”.

BIOGRAFÍA: 2 de enero de 1873: Luis y Celia Martín tienen el noveno de sus hijos, Teresa. Cuatro de ellos murieron muy pequeños. Nacen y viven en Alencon. Luis su padre, una persona muy piadosa, fue relojero y joyero artesano. Su madre, Celia, hacía trabajos de encaje.

El agotamiento físico consume la vida de Celia prematuramente y muere el 28 de agosto de 1877, a los 45 años. Teresita tenía entonces 3 años. Sus cuatro hermanas mayores, María, Paulina, Leonia y Celina, cuidan a la pequeña Teresita. El padre decide trasladarse a Lisieux, a fin de que sus hijas estén más cerca de su tía, la señora Guerin. Allí pasará Teresita más de 10 años.

Pequeña todavía, contemplando una imagen de Jesús en la cruz, comprendió que las manos heridas del Salvador pedían amor. Experimentó también una inmensa pena al pensar que esa sangre caía al suelo sin que nadie se apresurara a recogerla. Resolvió mantenerse en espíritu al pie de la cruz para recibir esa sangre redentora y luego derramarla sobre los pobres pecadores para arrancarlos del fuego eterno. Cuando Teresita tenía 10 años, su hermana Paulina, “su mamita”, decidió entrar como monja en el Carmelo. Teresita perdía por segunda vez a su mamá. Pero Paulina le explica largamente cuán provechosa es esa determinación para todos y de la aparente inutilidad de la vida austera de las religiosas contemplativas, que renuncian a todo para servir a los pobres y enfermos, para ofrecer a Dios un sacrificio agradable.

Se ha dicho que los contemplativos son el pararrayos del mundo y que se comprende muy poco la fecundidad de la oración. La separación de Paulina la afecta profundamente y su salud se resiente tanto que hace cama por varias semanas. Pero así, una noche comprende con claridad que Jesús la quiere también a ella en el Carmelo.

Llega por fin el día de su Primera Comunión, el 8 de mayo de 1884, tiene 11 años. Teresita escribió luego en su Historia de un Alma: “¡Ah, cuán dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma! Me sentía amada y yo decía: ‘Jesús, te amo, me entrego a Ti para siempre’”.

Dos años después le llegó el turno a María, su hermana mayor, que se juntaría con Paulina en el Carmelo. Pero esta vez Teresita no se enfermó, pues tenía la fuerza de Jesús en ella. Segura de su vocación de Carmelita, no ve la razón de esperar más, pues pensaba que nunca se es demasiado joven para entregarse a Dios y lamentando la pena que causará a su padre, que ya había dado a Dios a sus dos hijas mayores, confió con gran delicadeza y con lágrimas en sus ojos a su padre, enfermo, su gran deseo de entrar en el Carmelo. Él, con gran cariño, le pide que no llore, pues para él es un gran honor que Dios le hace al llamar para a sus hijas. Y le dice: “¿Quién soy yo para discutir con Él?”.

Fueron grandes los obstáculos que se presentaron, pero que con junto con su padre fueron sorteados, para que se aceptara que Teresita fuera al Carmelo por su corta edad, pero el 1 de enero de 1888, víspera de su cumpleaños, Teresita recibió como regalo una carta donde el Obispo autorizaba su ingreso al Carmelo. Por fin, el 9 de abril Teresita entraba al Carmelo.

Mañana Viernes, lo que falta de la breve biografía y algo de sus escritos.
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