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Querida Ana
Querida Ana
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23 Febrero 2018 04:00:00
Querida Viejita Contenta
QUERIDA ANA:

Soy una mujer ya anciana. No tengo automóvil y por lo tanto, siempre hago uso del transporte colectivo urbano. Tengo tantas cosas negativas qué decir de ese servicio, que no terminaría. Uso ese servicio desde siempre, así que conozco de todo lo malo que puede uno esperar. También sé que por más quejas que uno ponga en cualquier instancia, no hay ni habrá cambios favorables, pues ni las autoridades, ni los dueños de las líneas, ni nadie, hace caso de todos los problemas que tenemos los usuarios al usar esas llamadas “combis”.

Sin embargo, esta carta no es para quejarme. Ya lo he hecho mucho directamente y, como le digo, nunca hacen caso.

Esta comunicación es para hacer patente mi reconocimiento a un conductor, porque así como uno se queja de las anomalías, maltrato de los conductores, suciedad de los vehículos, mal estado de los mismos, cuando hay algo que sea bueno, también hay que reconocerlo y en este caso quiero hacerlo público por medio de su tan leída columna.

En muchos de los autobuses urbanos había (digo había, porque al parecer los están quitando o ya no los ponen) una calcomanía en los cuatro primeros asientos en los que se instaba, de manera gráfica, a los usuarios para que se “cediera” el asiento a las personas con “necesidades diferentes”, es decir, alguna discapacidad, a los ancianos, mujeres embarazadas o cargando niños. Pero en las múltiples ocasiones en que he hecho uso, en muy raras ocasiones alguien se ha levantado para cederme el asiento.

Ayer subí a un autobús de la ruta Saltillo-Ramos Arizpe. Ellos tienen fama de ir muy aprisa. Y sí, me ha tocado usarlos y van aprisa, no siempre ni todos, pero ayer iba yo a la Clínica 2 del IMSS y tomé la Unidad No. 9 en la calle Xicoténcatl, poco después de las 2 de la tarde. Desde que subí, el conductor me dijo: “pase señora”, cuando le dije que iba a la clínica.

El vehículo iba lleno y allí subimos muchos, el conductor, que iba muy limpio y muy peinado, con una camisa roja de la línea, perfectamente planchada, se dirigió a los usuarios y les dijo en voz alta: “algún pasajero que le ceda el asiento a las personas de la tercera edad”.

Una jovencita se levantó y me cedió el asiento. Y un joven lo cedió a un señor. Más tarde solicitó que quienes iban de pie caminaran hacia adentro para dar lugar a quienes iban subiendo en el trayecto. Subió luego una mujer joven cargando un niño y el conductor solicitó de nuevo a los pasajeros que alguien cediera el asiento a esa señora.

Un pasajero hizo caso al llamado y cedió su asiento. Cualquiera considerará eso como natural. Yo no. No por las muchas experiencias que he tenido y porque la generalidad de la gente no se ocupa de los demás, no les interesa si estamos viejos, enfermos o discapacitados.

Nadie se preocupa de su prójimo. Por ese motivo, que haya un conductor atento a las necesidades de quienes abordan su vehículo, al menos a mí me llamó la atención y considero de justicia hacerlo público para agradecérselo, aunque no sepa su nombre.

Ojalá que algún directivo de la línea o cualquiera que lea esto y pueda comunicárselo a ellos, lo haga para que reconozcan a ese señor su buen trato y su interés en el bienestar de quienes usamos los autobuses. Y qué maravilloso sería que ese trato se hiciera una exigencia para todos lo que dan ese servicio en la ciudad. Gracias por su atención y disculpe lo extenso de la carta.

VIEJITA CONTENTA

QUERIDA VIEJITA CONTENTA:

Me encantó que escribiera para señalar una excelencia en un servicio y también, de paso, las deficiencias en el servicio del transporte público, que hace lo que debiera ser la actitud habitual de los conductores, un caso digno de darse a conocer y ser reconocido. Yo también espero que los directivos de la línea Saltillo-Ramos Arizpe, reconozcan a ese señor su trato digno a quienes lo utilizan.

ANA
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