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Querida Ana
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15 Mayo 2018 04:00:00
Queridos Lectores
QUERIDOS LECTORES:

Educar: una palabra tan preñada de contenido, pero tan poco comprendida… Educar, es decir, explotar los filones de riqueza con que Dios ha enriquecido a cada ser humano, riqueza que en la mayoría de los casos permanecen enterrados, inexplorados, porque faltó la mano amiga que nos ayudara a descubrirlos. Educar… sinónimo de instruir, pero mucho más amplio y profundo, porque abarca además la formación de la personalidad del educando en las variadas vertientes de la afectividad, del carácter, de la voluntad, de los criterios y actividades ante la vida.

Por lo que se expresa en el párrafo anterior, copio para ustedes un texto escrito por el sicólogo Víctor Ramírez Mota y que por no sé qué azar cayó en mis manos. Disculpe señor Ramírez que no solicite su permiso para hacerlo, por no saber donde localizarlo.

Yo deseo que el Señor fortalezca la labor de todos los maestros y los colme de bendiciones en esta noble labor.

ANA

DAME SEÑOR UN PROFESOR-MAESTRO

Encuéntrame Señor con una persona que sea un verdadero maestro, un profesor que sepa lo que quiere y en verdad quiera lo que enseñe.

Encuéntrame Señor con un profesor que sea un maestro en toda la extensión de la palabra, un verdadero amo de sus enseñanzas.

Encuéntrame Señor con una persona que me muestre EL CAMINO, no SU CAMINO; el camino que me corresponde a mí, no por imposición o decisión de otros, sino el camino que me toca a mí por mi propia vocación.

Encuéntrame Señor con una persona que le sobre paciencia, que no viva para las cosas rápidas, efímeras y fugaces, sino que viva y vibre con las cosas profundas del espíritu de aquellos que le acompañen.

Encuéntrame Señor con una persona que tenga suficiente calma para que vea mis errores y me ayude a corregirlos y no a criticarlos, sino con cariño enmendarlos.

Encuéntrame Señor con aquella gran persona que enseña y educa no de acuerdo a un cartabón, sino en una sincera y honesta alegría y que pendiente esté de mis dudas y pequeños logros.

Encuéntrame Señor con una persona que al llegar al claustro educativo venere la verdad y la reflexión y cuide el corazón de cada uno de sus pupilos.

Encuéntrame Señor con la persona que sin ser mi padre o mi madre, se porte como si lo fuera, pues hijos tiene o tendrán y también un maestro tendrán.

Encuéntrame Señor con un maestro que al encontrarlo en la calle, no levante la mirada a mi paso, sino que me busque y muestre su generosidad antes que su orgullo o su vanidad humana.

Encuéntrame Señor con una persona que aunque sin ser Maestro como tú lo fuiste, intente serlo, y evítame encontrarme con el que se crea ser maestro.

Encuéntrame Señor con más niños que, como yo, estén sedientos de saber, hambrientos de atención y cariño, pero llenos de mucho entusiasmo para buscarlo y encontrarlo en la persona que sea profesor y quiera ser maestro.

Esta es una oración para todos los que se entregan a la enseñanza o para aquellos que sin ser profesionales, tienen algo que mostrar y dar al mundo; visto por algún alumno que puede acercarse para aprenderle algo de lo que sabe, ese que puede ser un gran Maestro.
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