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Vicente Bello
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21 Mayo 2019 04:00:00
“¿Quién anda por ahí? Y una criada contestó: ‘No es nadie, señor, soy yo”
“Criadas”, “chachas”, sirvientas”… son los epítetos más comunes con que, durante décadas, en México se les ha denominado muy infamemente a las trabajadoras del hogar. Respecto del trabajo desempeñado por ellas, decía el martes 14 Mayuli Latifa Martínez Simón, presidenta de la Comisión de Asuntos Legislativos del Senado de la República:

“El trabajo doméstico, trabajo del hogar, históricamente ha sido considerado no como un empleo real y formal, sino como una actividad natural a cargo de las mujeres, por el cual no son acreedoras a un salario digno, a una jornada de trabajo decente, a gozar de días de descanso y periodos vacacionales pagados, a tener servicios de salud y atención médica, a un trato digno y respetuoso por parte de sus empleadores.

“… El dictamen que estamos presentando propone:

“Primero. Establecer una definición del trabajo del hogar que acoge la gran diversidad de trabajadoras y trabajadores que realizan este empleo con uno o con varios patrones, que viven o no en el lugar de trabajo.

“Segundo. Reconoce y garantiza todos los derechos laborales como cualquier otro empleo formal, tales como el contrato por escrito, horarios de trabajo, días de descanso pagado, vacaciones pagadas, prima vacacional y el aguinaldo.

“Tercero. Que incorpore la obligación de los patrones de proporcionar los alimentos para las trabajadoras del hogar que vivan en el domicilio donde laboran.

“Cuarto. Se establece la ley del derecho a recibir seguridad social. Contarán con todos los derechos y las prestaciones que dicho Instituto otorga, como el servicio de salud, incapacidad, pensiones, guarderías y demás servicios en los que gozan los afiliados y beneficiarios.

“Quinto. Se fijan jornadas máximas de ocho horas diarias para las y los trabajadores del hogar que vivan en la casa donde trabajan, porque lo que cuando se excedan serán consideradas como horas extras, y se pagarán en los porcentajes mayores que prevé la propia ley.

“Sexto. Se prohíbe la contratación de personas menores de 15 años, y para los adolescentes mayores de esa edad se establecen jornadas que no deberán exceder de seis horas diarias, y 36 a la semana, prohibiendo así además la contratación de adolescentes que no hayan concluido cuando menos la educación secundaria”.

Después de Martínez Simón, comenzaron los posicionamientos, con algunos barruntos, pues fue de las leyes aprobadas que lograron consenso absoluto.

Dijo Katia Ávila Vázquez, del Pes: “Es un acto de justicia social, con las modificaciones aprobadas a la legislación, el Estado crea un marco jurídico para la defensa de los derechos laborales de las personas que se dedican al trabajo doméstico.

“El objetivo de una iniciativa como esta es generar un cambio cultural, una reorientación de la mirada en lo referente al trabajo doméstico, y que entonces las nuevas generaciones no repitan los patrones de explotación maltrato y abuso al que ahora son sometidas las personas que se dedican a estas labores del hogar.

“…Trabajo precario por excelencia, sin protección de ningún tipo que ofrece un ingreso regateado injustamente por los patrones y patronas, ha sido un pilar en la sobrevivencia de las familias pobres e indígenas.

“Para una niña de un estrato que puede pagar el servicio doméstico no forma parte de las aspiraciones convertirse en una nana, en una sirvienta. En cambio, para una niña que nace en una familia humilde en el campo, en una zona indígena quizás será la única opción que tiene para que sobreviva no sólo ella, sino su familia entera.

“Con esta reforma México apenas comienza a compensar la deuda que tiene con las mujeres, en especial con las mujeres más pobres que no teniendo otra alternativa han optado por esta labor a la que se ha romantizado, envistiéndola como una relación casi filial y familiar para negar derechos laborales”.

El Prd, en voz de Omar Maceda Luna, citó entonces un fragmento de El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz: “Recuerdo que una tarde, como oyera un leve ruido en el cuarto vecino mío. Pregunté en voz alta: ¿quién anda por ahí?

“Y la voz de una criada recién llegada de su pueblo contestó: ‘No es nadie, señor, soy yo’.

“Esto refleja -continuó el senador perredista- la manera en la que nuestra sociedad ha percibido, ha tenido de manera invisible a todas las trabajadoras del hogar, a quienes hoy estamos reivindicando con esta reforma.

“Sin embargo, preocupan algunas situaciones a las cuales me voy a referir.

“La primera, es que el artículo 331 Bis de este dictamen permite la contratación de adolescentes, con la única condición de que pernocten en el hogar, en un lugar seguro.

“¿Y no es lo que queremos evitar? ¿Qué es un lugar seguro para una adolescente? ¿Un corral, un cuarto de azotea, un sótano? Así viene el dictamen, no está privando el interés de las niñas, niños y adolescentes.

“Tampoco es acorde al convenio 138 de la Organización Internacional del Trabajo, sin contar que se pierde el lenguaje incluyente y que únicamente se da por hecho que las adolescentes, mujeres específicamente, pueden desarrollar esto.

“El artículo 331 Ter también dice que ya no es necesario un registro de un contrato con las condiciones mínimas que conozcan las personas que se dedican a esta noble actividad, que basta con que les den un uniforme si así lo requieren. Es grave.

“Sin embargo también omite la inspección de las autoridades en materia del trabajo en los hogares. Es grave”.

Por momentos, se calentaba la sesión, a pesar de que todos votarían en favor. (Continuará)
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