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Alma Carolina Viggiano
Alma Carolina Viggiano
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La legisladora es originaria de Tepehuacan de Guerrero, Hidalgo, es abogada por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y tiene especialidades en las materias civil, procesal civil y mercantil en la Ciudad de México, así como diversos diplomados en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y en el Centro de Investigaciones y Docencia Económica (CIDE). Ha sido secretaria general del PRI en Hidalgo y coordinadora estatal de campaña de Miguel Ángel Osorio. Anteriormente ha sido diputada local por el Distrito XV y diputada federal por el 01. Fue la primera mujer en prsidir el Tribunal Superior de Justicia de Hidalgo; fue integrante fundadora del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial. Fue coordinadora estatal de la Comisión Interinstitucional para el Nuevo Sistema de Justicia Penal en Hidalgo; secretaria de Planeación y Desarrollo Regional y secretaria de Desarrollo Social en la misma entidad. Escribir a: [email protected]

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05 Septiembre 2016 04:09:00
¿Quién gana?
El pasado 1 de septiembre, en la sesión solemne del Congreso General –que de solemne no tuvo nada, salvo el Himno Nacional–, al escuchar a los partidos opositores al gobierno, todos pudimos observar la competencia por ver quién gritaba más, quién pronunciaba las críticas más ácidas o más ingeniosas en un debate oportunista y electorero. Ante este escenario me pregunté: ¿quién gana con todo esto? Estoy convencida de que nadie.

La sociedad está harta de la política y de sus actores porque de todos piensan lo mismo: ineficacia, corrupción, abuso, etcétera. Algunas de estas cosas son ciertas y desafortunadamente, es un mal presente en todos los partidos políticos, sin embargo, pareciera que se trata de demostrar quién es más ineficaz o corrupto.

El desencanto social, entre otras cosas, está alimentado por ese discurso golpeador que lejos de sumar y abonar a mejorar las cosas en el país, busca desacreditar. Bajo este contexto, el partido en el poder siempre estará más visible y más expuesto a la crítica.

Hoy se apuesta no a presentar propuestas sino a ganar a partir de los supuestos errores del otro, es decir, que al Presidente y a su Gobierno les vaya mal, aunque con ello le vaya mal a todo el país.

Hace 16 años que fui por primera vez diputada federal, como miembro de la mesa directiva estuve presente en la sesión en la que entregamos la banda presidencial a Vicente Fox. Recuerdo que el discurso de Beatriz Paredes, en representación del PRI, fue memorable y especialmente respetuoso. La actitud de los priistas fue acorde a las circunstancias ya que México requería de una transición pacífica.

Lo mismo ocurrió en la toma de protesta de Felipe Calderón. Andrés Manuel López Obrador lo señaló siempre como el presidente ilegítimo y fue el PRI quién construyó el escenario más viable para que el PRD permitiera que llevara a cabo la ceremonia de toma de posesión del Presidente de México.

Ese escenario motivó que el PAN impulsara una reforma aprobada en agosto de 2008 para que el presidente ya no rindiera personalmente su informe ante el Congreso, sino por escrito y fueran los titulares de las dependencias y entidades quienes comparecieran ante la Comisión correspondiente.

Imagine usted qué habría pasado en esta ocasión si el presidente Enrique Peña Nieto hubiera entregado su informe personalmente, bajo un contexto en el que el diálogo fue sustituido por gritos, mantas de protesta, piñatas y hasta insultos.

Sin duda los tiempos han cambiado, vivimos en un México más democrático y con mayores posibilidades para expresar nuestras ideas, no obstante, debemos estar abiertos al diálogo, saber escuchar y construir acuerdos para sacar al país adelante.

La mayoría de los priistas somos institucionales. Es decir, creemos en las instituciones, las respetamos y trabajamos para fortalecerlas. Quizá porque fue el PRI quien, a lo largo de su historia, ha creado prácticamente todas las instituciones existentes, y desde hace cuatro años, ahora que regresó al poder, las ha transformado con distintas reformas estructurales.

Así lo demostró la diputada Sylvana Beltrones en el posicionamiento a nombre del PRI, quien de manera respetuosa y valiente defendió las reformas impulsadas por el Presidente, reconociendo incluso la participación de los demás partidos políticos para que pudieran ser aprobadas.

México requiere de políticos maduros, que seamos respetuosos al desempeñar nuestras funciones, porque esa es la manera en que demostramos respeto hacia los ciudadanos que nos eligieron pero, sobre todo, políticos que antepongan los intereses del país a los colores y a sus propios intereses. Sólo así México podrá salir adelante, porque de lo contrario, tal como lo he señalado al inicio de esta columna, ¡nadie gana!
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