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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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10 Octubre 2017 04:00:00
¿Quién tuvo la culpa de la muerte de la estudiante?
Una estudiante del Instituto Fleming, en Saltillo, de nombre América Guadalupe Herrera Solís, de menos de 15 años, estaba cruzando la calle Narciso Mendoza, por Manuel Acuña, en pleno centro de la ciudad, cuando un autobús de la ruta 7A Penal, cuyo número económico era el 223 y conducido por un joven chofer de 21 años, llamado Marcos Joel Sánchez Jalomo la impactó, la derribó y ocasionó que las llantas de su unidad destrozaran su cráneo.

Fue el viernes 6 de octubre, minutos ante de las 8 de la mañana, cuando la jovencita se dirigía hacia su escuela, que sucedió la tragedia.

El evento se desencadenó por una serie de errores, según las declaraciones de testigos: el chofer del camión de ruta iba tan acelerado que no hizo alto para subir pasaje en toda la calle Manuel Acuña, desde Ramón Corona (unas cinco cuadras a toda velocidad) y comentan que en el cruce con la calle Pérez Treviño, en donde debía hacer alto, no lo hizo.

Para colmo, mientras manejaba atendía mensajes de texto en su teléfono móvil. América Guadalupe cruzaba la calle de Narciso Mendoza cuando el distraído, apresurado e irresponsable conductor tomó esa calle y, siguen diciendo los testigos, la jovencita era tan pequeña de estatura que el chofer no la vio y causó el impacto, del cual el hombre no tuvo consciencia, pues dice que sólo sintió como si hubiera pasado un bordo y no frenó hasta unos 50 metros más allá, porque los pasajeros lo obligaron a parar y lo detuvieron, pues al darse cuenta, se preparaba para huir.

También comentan que la jovencita no fue consciente del choque porque al atravesar la calle iba distraída por los audífonos que, dicen, los traía con volumen alto.

Claro que la unidad estaba asegurada y la compañía de seguros tendrá que hacer una propuesta de indemnización a la familia de América. Con esto no se repara el daño, que es irreparable, pero es lo único que se puede hacer. Una vida se perdió y con ella el patrimonio genético, social y humano pierde oportunidades insospechadas de lo que América pudo haber aportado. Es decir, sin ella, todos perdemos algo de nuestra humanidad.

Lo más preocupante de todo es que este accidente pudo haberse evitado: no era irremediable ni creo que el momento de la muerte de América ya estuviese marcado. Si los mecanismos de control social necesarios estuvieran en marcha, no habría pasado esto.

Es muy probable que Marcos Joel no fuera debidamente capacitado como chofer de unidad de pasajeros, lo cual prepara perfectamente este y otro accidente cualquiera. A pesar de que el alcalde Isidro López Villarreal señaló que durante su administración las capacitaciones se están dando a 500% de lo que se daban anteriormente, también dijo que “tendremos que ver con el concesionario si el operador estaba debidamente capacitado”, lo que hace inferir que no hay registro de su capacitación en el departamento municipal correspondiente. De ser esto, sería un fallo gravísimo, porque habría una gran cantidad de choferes potencialmente peligrosos manejando todos los días, todo el día las pesadas unidades.

Por otra parte, es inadmisible que las autoridades permitan que los choferes tengan la posibilidad de contestar, no solo llamadas, sino mensajes de texto en su teléfono celular, situación que cuestiona gravemente la calidad de la supervisión del departamento de Tránsito. Si es cierto que la joven iba tan absorta en su música que no se dio cuenta del riesgo al cruzar la calle, esto nos habla del peligro en que se han convertido los smartphones porque aún no enseñamos a nuestra juventud a su manejo adecuado. Solamente se los damos, pero ni los enseñamos a usarlos ni les supervisamos su uso.

Y esto también cuenta para la escuela: si estamos en un nuevo modelo de enseñanza este debe abarcar el conocimiento preciso de la utilización de los instrumentos actuales, sobre todo esta pequeña computadora en la que devino el teléfono móvil. Porque ni de los autobuses, que nos facilitan el transporte como nunca, ni del celular, que nos comunican mejor de lo que jamás soñamos, podemos permitir que se vuelvan armas mortales. Está en todos nosotros.
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