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Denise Maerker
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28 Febrero 2011 04:00:37
Quieren ser presidentes
El resto de los panistas juega como viejos priístas

Cada vez son más los que se apuntan a la carrera presidencial. En la forma de hacerlo y de jugarla revelan aspectos interesantes de su personalidad.

A pesar de venir del viejo PRI, o como lo acusó alguna vez Elba Esther Gordillo, de las cañerías del viejo sistema, Manlio quiere ser presidente y no lo oculta. Cuando Jorge Ramos le preguntó: “¿Le suena bien presidente Beltrones?”, respondió: “No me suena bien, me suena excelente”. En esa entrevista también dejó claro cuál piensa que es su ventaja comparativa. Cuando Jorge le preguntó si Peña Nieto sería un buen presidente, respondió: “Sería un gran candidato y como presidente tendríamos que ver qué es lo que plantea para el futuro”. Más claro, ni el agua. Manlio Fabio considera que los atributos que hoy se le reconocen a Peña Nieto: conocido, popular y carismático, le alcanzan sólo para ser un buen candidato, pero no un buen presidente. Él, en cambio, lleva años construyéndose un perfil de hombre de ideas, con Jorge se vendió como “aquel que está visualizando, mejor que nadie —porque yo sí lo he puesto sobre la mesa—, la transición”.

Enrique Peña Nieto es la otra cara de la moneda. Salió al escenario político nacional después de que el PRI perdiera la Presidencia y, sin embargo, en las formas de jugar por la grande ha resultado un alumno destacado del viejo priísmo. Contra todas las evidencias dice: “Ni me encarto, ni me descarto”. Y es que en el viejo manual de las reglas no escritas del sistema priísta se establecía como conveniente ocultar las ambiciones para no atraer el golpeteo y las zancadillas de los demás contendientes. Peña Nieto también ha eludido en la medida de lo posible pronunciarse sobre los grandes temas nacionales. Josefina Vázquez Mota busca como Manlio colocarse como una candidata de ideas. Cada domingo manda su editorial semanal y fija su posición sobre los temas más diversos. Se resiste a declarar abiertamente su intención de jugar en la grande y, como los viejos priístas, juega al tapado y a las frases engañosas: en su fiesta de cumpleaños, en la que convocó a todo el México político, declaró: “Voy a hacer un destape en este momento y yo lo que digo es que estamos festejando mis 50 años”. En las formas no le pide nada al viejo Ruiz Cortines, que adoraba decir sin decir y mantener expectantes a los periodistas y a la clase política.

Santiago Creel dice que quiere ser presidente abiertamente y en lo temático lleva varios años haciendo penitencia, busca que le perdonen la soberbia que demostró como secretario y algunas alianzas de entonces. El resto de los panistas juegan como viejos priístas: algunos lo niegan, otros dicen que aspiran, pero todos se guardan muy bien de hacer nada que llame la atención: no se mueven, no se distinguen, no buscan perfilarse ni ser conocidos ni reconocidos. Y es que todos le tienen miedo al Presidente.

Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard juegan ambos de manera abierta. Andrés Manuel busca la presidencia desde la confrontación y Marcelo tratando de atraer los votos de las clases medias. Ninguno pierde oportunidad de definir sus posturas respecto a los temas nacionales.
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