×
Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
ver +
Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

" Comentar Imprimir
21 Agosto 2017 04:00:00
Quijotes del vino
Las fiestas de la vendimia se ensombrecieron este año por la muerte, el 15 de agosto, de Hans Paul Backhoff Escudero, nacido en 1946. Él y un grupo de amigos fundaron Monte Xanic en 1987 con la idea de producir un vino mexicano de calidad.

Era una apuesta arriesgada. El Gobierno mexicano estaba abriendo las fronteras tras décadas de proteccionismo, lo que reducía los precios de los vinos importados. Los consumidores mexicanos, la mayoría de clase media y media alta, despreciaban el vino mexicano y preferían el importado sin hacer caso a la calidad. La producción nacional estaba sufriendo una dolorosa depuración. En medio del malinchismo, pretender lanzar vinos mexicanos de calidad a precio alto parecía un sueño imposible.

Treinta años después los vinos mexicanos se han ganado un lugar de respeto en un mercado cada vez más exigente. Las medallas en las catas ciegas de las competencias internacionales lo prueban. Hoy hay más de un centenar de casas productoras en el municipio de Ensenada, Baja California. Monte Xanic está hoy bajo el mando de Hans Backhoff Guerrero, hijo del fundador.

Este sábado 19 de agosto asistí a la inauguración de la sala de degustación de Vinos de la Reina. El proyecto fue iniciado hace más de una década por mi amigo Roberto Curiel, cuya muerte nos sorprendió en 2016. Las hermosas instalaciones encajan bien en el paisaje árido del valle de Guadalupe. Es un proyecto que vi desde que era un terreno y un sueño, y que hoy fructifica por decisión de su viuda, Socorro, y sus hijos Roberto y Rubén Curiel Amaya.

La familia me pide hablar, pero se me quiebra la voz. Recuerdo cuando mi amigo hablaba de haber comprado los primeros sarmientos para sus viñedos en Paso Robles, California, a lo que yo le respondía: “Los Sarmientos no se venden”. Cada vida está hecha de pequeñas anécdotas que al final son lo único que nos queda. Entiendo que es un lugar común hablar del ciclo de la vida, o de la muerte que se convierte en preludio de nueva vida; pero los lugares comunes, además de ser comunes, pueden ser ciertos.

Ayer se llevó a cabo el concurso de paellas en Viña de Liceaga, el evento que pone fin a las fiestas de la vendimia. Por primera vez en varios años no tengo oportunidad de quedarme. Pienso, sin embargo, en la historia de la vinícola, también ejemplo del inevitable lugar común de la vida. Eduardo Liceaga compró las tierras en 1982 y celebró su primera vendimia en 1993. Después de su fallecimiento, el esfuerzo lo ha continuado su viuda Myrna, una mujer querida y respetada. No muy lejos se encuentra el rancho El Mogor, donde se produce el Mogor Badan. Hoy la casa la lleva Natalia Badan, quien ha asumido la responsabilidad después de la muerte de su hermano Antonio.

Este año me invade un dejo de tristeza al concluir las fiestas de la vendimia. Mientras la producción vinícola mexicana asciende en calidad, algunos de los héroes que arriesgaron su patrimonio en este esfuerzo se van quedando en el camino. Las nuevas generaciones asumen el reto y llevan la antorcha hacia adelante. Supongo que debemos ver esta renovación con alegría, pero llevo en la cabeza las palabras de Camillo Magoni en su Historia de la vid y el vino en la península de Baja California: “Brindo por los pioneros, los Quijotes del vino, famosos y anónimos, todos los que con su esfuerzo colaboraron y abrieron el camino para hacer realidad lo que hoy conocemos y disfrutamos en Baja California”.

Desorden

En otras circunstancias la destitución de Steve Bannon, el ultraconservador estratega de la Casa Blanca, habría sido motivo de celebración. El problema es que refleja un desorden en el Gobierno de Donald Trump que resulta extraordinariamente peligroso.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add