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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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07 Junio 2018 04:00:00
¡Quizá, quizá, quizá!
Sumamos ya casi un año con la incertidumbre de qué va a pasar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, su renegociación y las medidas de presión del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Cada tramo de la negociación significó un contenido noticioso intimidatorio por parte de los negociadores hacia el sector productivo del país. Un mensaje que no fue nada amigable fue también el anuncio de EU de la imposición de cuotas a las importaciones de acero y aluminio.

La incertidumbre que enfrentan los hombres de negocios y los trabajadores se convirtió en el pan de cada día, mientras que el estado de intranquilidad tan intenso, causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro, se transformó casi en el alimento diario. Así, se tiene que la angustia aparece en la escena de cada día ocasionando un estado de inquietud que deriva en un aumento de la presión arterial, taquicardia y estrés.

El miedo, que es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario, forma parte del escenario de la renegociación del TLCAN e invade a los empresarios, que cada día viven la intranquilidad de no saber qué les depara el destino, si podrán seguir exportando sus autopartes, las frutas, los coches, y si el trabajo se mantendrá seguro. Nadie lo sabe y ahí llega el temor, que es un sentimiento de inquietud o angustia que impulsa a huir o evitar aquello que se considera arriesgado o peligroso.

De esta manera, el impacto en la salud física trasciende al de la mente y ahora es necesario que el sicólogo esté atento a la evolución del buen estado mental del empresario, los trabajadores, los proveedores y los clientes por no saber lo que les depara el futuro.

Trump y sus funcionarios empezaron una guerra comercial con México, Canadá y la Unión Europea y el final no lo conocemos, es un resultado reservado. Los negociadores de México y Canadá ahora están como la canción que entonaban Los Panchos:

Siempre que te pregunto
que cuándo, cómo y dónde,
tú siempre me respondes
quizás, quizás, quizás.
Y así pasan los días
y yo ahí desesperando,
y tú, tú contestando:
quizás, quizás, quizás.
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