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Juan Castillo Borja
Juan Castillo Borja
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01 Diciembre 2017 04:00:00
Recordando
MI PADRE que murió a los 93 años, fue un recalcitrante aficionado a la fiesta brava, conocido como “El Aguilucho” y de nombre Crescencio Castillo Amaya había nacido en San Pedro de las Colonias, pero radico toda su vida en Saltillo, paso sus años de juventud junto a la desaparecida plaza de toros Guadalupe.

TENIA UNA peluquería, porque fue un distinguido maestro que fue reconocido como el mejor en su tiempo, en la calle de Allende, justo en donde ahora se encuentra un negocio de cabritos, a donde acudían todos aquellos que estaban ligados con la fiesta brava.

SEGÚN ME cuentan quienes vivieron esa época, era una autentica romería día con día en ese local, porque existan algunos “maletillas” que así les decían a quienes aspiraban a ser toreros y realizaba sus prácticas en la plaza Guadalupe, que se encontraba en la calle de Álvarez, entre Allende y Manuel Acuña.

INCLUSO LLEGABA este acercamiento aún más, porque muchos jovencitos que llegaban de otros lugares a intentar probar fortuna sin tener un peso en la bolsa, dormían en ese peluquería, para en la mañana levantarse muy temprano a continuar con sus prácticas.

LA VERDAD nunca supo porque el sobrenombre de “Aguilucho”, pero si conocí su gran interés por la fiesta brava, porque no solo viajaba a Zacatecas, Aguascalientes, Monterrey e incluso hasta la ciudad de México para ver lo que más le gustaba.

COLECCIONABA LOS llamados carteles de mano, luego de acudir a cada festejo, pero llego un día en que mi madre Consuelo Borja Estrada (QEPD) cansada de verlos todos los días, les prendió fuego, lo cual le causo un enorme coraje a mi padre.

PERO SIEMPRE recordó ese triste momento, porque indudablemente que eso fue una gran colección que en estos días tendría un costo incalculable, pero ni eso pudo dimensionar mi madre en ese momento, pero mi padre lo recordó hasta antes de un penoso accidente que sufrió en la plaza de Armas, cuando un cuete le arranco una oreja.

POR ESO AHORA no alcanzo a entender, porque la empresa que dirige el ingeniero Guadiana no recordó que tenía un amparo para que la fiesta brava no fuera suspendida de por vida en territorio coahuilense, lo cual ahora se alargó.

NO SE si usted le guste o no la fiesta brava, pero es verdad que mucha gente se ve perjudicada y no digo solo de Saltillo, sino de Torreón, San Buena, Piedras Negras, Ciudad Acuña, en donde existen plazas de toros.

QUIZAS SEA cierto lo que me dijo un amigo, que al ingeniero Guadiana ya no le interesa ser empresario de toros, porque como ganadero le va muy bien, incluso se dice que “Queko” Saucedo quien es el gerente administrativo de esa empresa de Guadiana, asegura en la actualidad que no tiene toros para vender, porque ha sido mucho la demanda.

USTED Y yo sabemos que Guadiana cuenta con los hierros de Chucho Cabrera, y otros tres más incluyendo los que eran del ingeniero Fernando Lomelí, además de tener otra ganadería en Quintana Roo.

SERA CIERTO o mentira, pero el caso es que la exhibición de realizar corridas de toros o novilladas en Coahuila se alarga aún más, porque ni Arturo Gilio, supuesto propietario del Coloso Centenario de Torreón, no ha movido un ápice para que esa sanción sea levantada y se puedan dar eventos.

TALVEZ estén esperando a que Miguel Ángel Riquelme Solís tomo posesión como gobernador para tomar cartas en el asunto, pero eso de dejar pasar una fecha tan importante por parte de la gente de Guadiana, como que no la entiendo.

¿TAN OCUPADO andara con la política?, que decidió dejar en el abandono ese amparo que anteriormente había promovido, ¿o no hay gente que lo asesore en estos momentos en temas taurinos?, ahí queda la incógnita.

AMIGOS MUY BUENOS DIAS PARA TODOS

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