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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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27 Mayo 2017 04:08:00
Recta final
Estamos en la recta final de campañas, el próximo 4 de junio será el día decisivo que pondrá fin al periodo electoral.

Los camdidatos que hayan malgastado su tiempo hablando en tiempo pasado, estarán apurados para hablar del futuro sobre cómo mejorar la vida de los coahuilenses, los anuncios se intensificarán y se formarán algunas alianzas –de hecho, el candidato del Partido del Trabajo, José Ángel Pérez declinó en favor del candidato de Morena: Armando Guadiana y, Movimiento Ciudadano apoya al candidato independiente Javier Guerrero.

A los ciudadanos se nos acaba el tiempo de reflexión para decidir por quién votar.

Les comparto lo que considero serán dos cualidades imprescindibles de exigir a nuestros gobernantes: probidad y preparación.

Gobernar con probidad implica ejercer el servicio público con honestidad, sin aprovecharse del cargo público para buscar beneficio propio o para terceros y exigir la misma conducta a sus colaboradores, por lo cual, resulta útil observar de quiénes se rodean nuestros gobernantes. Por ejemplo, hay gobernantes que protegen a sus colaboradores, los tratan como si fueran hijos consentidos, les perdonan sus faltas y los premia. No más de esta impunidad en Coahuila. Quien gobierna deberá escuchar a sus gobernados. Deberá establecer, desde el inicio, los fines éticos que determinarán su gobierno, pues ha resultado demasiado fácil disimular a un Estado democrático por uno absolutista o totalitario. Esta no es la opción para gobernar Coahuila: los fines éticos deberán enfocarse hacia el bien común.

Quien gobierna será una persona académicamente preparada, con experiencia y vocación de servicio. La academia tiende hacer a los humanos humildes, pues mientras se aprende se comprende que uno no sabe nada, por lo cual, valora la educación y la cultura.

Es fácil saber lo que no queremos, no otros 6 años de más de lo mismo. Esa fórmula ya está más que probada, les resultó a la clase política, pero no a los coahuilenses: el sobreendeudamiento, el uso los recursos públicos como si fueran de los gobernantes, el abuso de poder, desvío de dinero a empresas fantasma, simulación, uso excesivo del poder público y el trato condescendiente hacia los gobernados.

Las próximas elecciones del 4 de junio serán decisivas para Coahuila, o avanzamos o avanzamos, pues dos sexenios al hilo bajo la misma férula nos retrasaron. De seguir en el camino andado y votar por el designado priista, la democracia coahuilense seguirá siendo mal interpretada. Democracia no es sinónimo de autoritarismo ni populismo. Las instituciones son nuestras y están dispuestas para retribuir precisamente equidad y justicia social, no son suministro de riqueza y poder para corromperlas por quienes las detentan. No hay nada misterioso en lo que el pueblo espera del sistema que gobierna: igualdad de oportunidades, empleo, seguridad social, una terminación laboral, una pensión digna y amplio respeto a los derechos políticos, civiles y sociales.

Coahuila no atraviesa por su mejor momento, pese a las declaraciones triunfalistas y conformistas del Gobernador del Estado y las de su candidato Miguel Riquelme.

La justicia social en Coahuila, exige una reestructuración, una renovación de pensamiento, de acción y, sobre todo, de un cambio de rumbo.
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