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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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05 Septiembre 2016 04:03:38
Redes sociales:  ¿a favor o en contra de la democracia?
“Si tratamos de controlar a los medios, pondremos fin a la democracia, pero si no lo hacemos, los medios destruirán la democracia”, con estas palabras, el sociólogo norteamericano Alvin Toffler concretizó la encrucijada en la que hoy en día se ven envueltas prácticamente todas las sociedades en vías de democratización, como la mexicana; sociedades en las que la evolución de la autenticidad de sus elecciones coincide con el surgimiento y la expansión de internet y de las redes sociales.

En un país como México, en donde más de la mitad de la población (casi 70 millones de personas) es internauta, es decir, personas que navegan por internet y en donde el tiempo promedio diario de conexión es de 7 horas y 14 minutos (AMIPCI, 2016), resulta esencial analizar la forma en que esta tecnología está impactando diariamente en la sociedad.

Para que el análisis esté completo es necesario no perder de vista que las principales actividades para las que los mexicanos nos conectamos a internet son: acceder a redes sociales (79%); enviar/recibir mails (70%), y enviar/recibir mensajes instantáneos (68%).

Sobre todo, empleamos internet para comunicarnos, interactuar y expresarnos. Se trata de las acciones para las que básicamente sirven las redes sociales. En efecto, los mexicanos, como la mayoría de los seres humanos, nos hemos “internetizado” y hemos hecho de las redes sociales una constante cotidiana.

Junto a la consolidación de la democracia electoral y al éxito abrumador de las redes sociales, se encuentra otra realidad: los derechos humanos. Internet (y redes sociales), democracia y derechos humanos se han encontrado (y fusionado) en el actual capítulo de la historia. Ese hecho no es fortuito. Amén de que mucho se puede (y debe) profundizarse al respecto, dicha convergencia puede entenderse a partir de estas situaciones: aunque sus resultados son
insatisfactorios, la evidencia demuestra que la democracia es la mejor forma de gobierno (o la menos peor, según el lente).

Debido a su accesibilidad, cobertura, potencia y las posibilidades que ofrece de difundir e interactuar, internet ha contribuido a la transformación de la democracia (aún no sabemos si para bien o para mal) y los derechos humanos constituyen el mayor consenso alcanzado por la humanidad para proteger a la persona, su dignidad y sus manifestaciones.

Reflexionar sobre la relación entre internet, redes sociales y derechos humanos no tiene el más mínimo desperdicio. Todos los días constatamos que la llamada red de redes sirve como un medio muy valioso, y en ocasiones como el único, para el ejercicio de determinados derechos, comenzando, como ya se ha precisado, por la libertad de expresión, pero abarcando otros como los derechos a la educación, información, cultura, cuidado de la salud, recreación y, en general, el libre desarrollo de la personalidad.

Sin embargo, el ejercicio de uno de esos derechos en particular, el que mayormente se ha visto “beneficiado” gracias a internet, parece paradójicamente estar amenazando a otros derechos humanos y, en consecuencia, a la democracia misma –hoy en día la efectividad de los derechos humanos constituye una condición esencial de la democracia: no hay democracia sin derechos humanos–: la libertad de expresión.

El derecho al honor, a la presunción de inocencia y la dignidad misma de la persona son límites infranqueables para el ejercicio del derecho a expresar nuestras ideas.

Desafortunadamente, estos límites están siendo transgredidos cada vez con mayor insistencia a través de las redes sociales.

Hacer conciencia de ello y poner un alto a comentarios y opiniones degradantes, que denigran, calumnian y prejuzgan, nos corresponde a todos: a quienes usamos internet y a quienes no lo hacen de forma directa.

Como usuarios de las redes sociales (las cuales ya son medios de comunicación masiva), es muy importante que antes de emitir una opinión o asumir una postura sobre algún tema o noticia difundida por medio de internet, que involucre un señalamiento o una acusación en contra de alguien, conozcamos las pruebas, el contexto y los argumentos de las partes involucradas.

Esto es así ya que todos estamos obligados, por lo menos, a tres cosas elementales: comportarnos fraternalmente los unos con los otros; ejercer la libertad de expresión con responsabilidad (lo que implica no difamar ni mínimamente), y asumir que, en tanto judicialmente no se demuestre lo contrario, las personas son inocentes y actúan de buena fe.

No las perdamos de vista, no nos conviene. El reto es pues, usar internet a favor de la democracia y no en su contra, como actualmente sucede.




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