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Verónica Martínez García
Verónica Martínez García
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29 Agosto 2016 04:08:46
Regreso a clases
Después de desempacar maletas en el verano sabemos que, si eres padre o estudiante, llegó el momento de forrar libros. El periodo vacacional ha terminado y toca regresar a la rutina, pero el regreso a clases aunque parezca ser lo mismo todos los años, siempre es diferente.

En primaria y secundaria, fuese en recreo, cuando estabas con tus compañeros jugando o en clase porque tu maestro te lo pedía, cada agosto contabas qué habías hecho en las vacaciones, a dónde habías ido y cómo te la habías pasado. Luego ya, en preparatoria y universidad, muchos compartían sus experiencias ya muy diferentes a las de más pequeños: trabajar duro para ahorrar dinero, irte de viaje con tus amigos o bien, estudiar mucho.

¿Cómo olvidar que las primeras semanas de reincorporación eran las más pesadas? Parecía que la pluma pesase una tonelada, que las horas duraban más de 60 minutos y que una fuerza sobrenatural no te dejaba levantarte de tu cama, porque el “5 minutos más” no era suficiente. Aun así todos teníamos un gran entusiasmo por llegar al salón con nuestros amigos, y por qué no, también cuando éramos el niño nuevo de conocer con quienes estaríamos todo un nuevo ciclo escolar.

Por otro lado, como padre y madre de familia es todo muy diferente. Pagos de inscripción, colegiaturas, libros, uniformes, zapatos, útiles, mochilas…. También para papá y mamá regresar a clases resulta muy agotador. Hay que poner el despertador más temprano para levantar a los niños, cambiarlos, hacerles el desayuno y lonche cuando son pequeños, y cuando ya son grandes, para carrerearlos.

Los negocios de uniformes y papelerías vuelven a la vida, las calles que hasta hace un par de días parecían desierto, ahora están llenas de carros, camiones y camionetas de pasajeros con mochilas en sus espaldas. ¿Recuerdas qué llevabas en tu mochila? Porque no solamente cargábamos libros. Entre nuestros cuadernos había lápices, hojas arrancadas de libros, exámenes escondidos –para que no los viera mamá-, tuppers con comida de hace días, que habíamos olvidado sacar, envolturas de papitas… Qué cosas no podíamos sacar de nuestras mochilas.

Pero levantarse temprano no es lo único de lo que cualquier estudiante se queja, también regresar a clases significa volver a hacer tareas. Las que nos encargaban de la materia que nos gustaba no representaban un problema, pero esas tareas largas que no parecían tener fin, eran las peores. Lo verdaderamente terrible era cuando después de haber pasado la noche en vela porque, una vez ya acostado y tapadito en cama, recordabas que había tarea y tenías que levantarte a hacerla. Llegabas a la escuela y ya cuando acordabas pedías al teléfono en dirección: “¿Mamá? Oye, se me olvidó la tarea en la casa…”
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