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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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23 Agosto 2017 04:00:00
Religión y política (II)
La vehemencia le enrojece el rostro y le salta las venas del cuello. El obispo gesticula mientras camina por el pasillo donde dice su homilía. Raúl Vera es uno de los líderes religiosos más activos del país y acaso el más cercano al papa Francisco. Promotor de una nueva Constitución general y candidato al Nobel de la Paz en 2012 –después de haber ganado el Premio Rafto 2010 por la defensa de los derechos humanos–, el dominico parte de Isaías 51 (“Escúchenme ustedes, que anhelan la justicia…”) para referirse después a san Ignacio de Loyola –fundador de la Compañía de Jesús, a la cual pertenece el papa Francisco–, santa Teresa de Ávila (…) san Juan de la Cruz, como cepa “que puede salvarnos de una decadencia de la humanidad y en la decadencia de la misma Iglesia”.

Vera cita de memoria el versículo 6 (“Miren que los cielos se derriten, la Tierra se deshace, mientras sus habitantes mueren como moscas”) para describir el momento actual: “Esto está pasando en México, la gente muere como moscas, los migrantes que pasan por aquí. ¿Cuántos asesinatos llevamos y no paran? Solamente cuando acabó el sexenio de Calderón llevábamos 120 mil y esto no para (…) ¿Cuántas desapariciones forzadas, cuántas fosas clandestinas? (…) Los pobres son bienaventurados porque no han perdido la perspectiva de la justicia”.

Enseguida vino la autocrítica: “Nosotros tenemos también la culpa, estoy hablando de los predicadores, de los ministros, de los catequistas que a veces decimos a la gente ‘pues ni modo, hay que pasarlas de todas, pero después, cuando te mueras, vas al Cielo y ya te salvaste”.

“Para tener misericordia”, advierte el obispo, “hay que tener el corazón de carne, no hay que haber perdido el sentido humano. Esa es una característica de la sociedad contemporánea. Vemos migrantes que se mueren en Texas, vemos la matanza de Tláhuac, vemos (a) todos los mineros. Ya estamos aturdidos, indolentes (…) Tenemos políticos que hacen negocios con lo que tenemos: el futuro de este país. El futuro de los jóvenes está cerrado. La primera violencia que se vive es el hambre y la miseria, decía el Papa (…) gente que vive en situaciones inhumanas, sin sentido del valor de su vida”.

Como ejemplo, mencionó uno de los casos relevantes del informe sobre desapariciones y torturas en Coahuila, entregado el 6 de julio en la Corte Penal Internacional, en La Haya: “¿Por qué creen que hay gente capaz de desbaratar gente como lo hicieron en el penal de Piedras Negras? A la luz del día sacaron a esa gente y la mataron en el penal, y desbarataron su casa a luz del día. Esto se hizo aquí en el estado”.

Frente a la sede del poder político, donde el gobernador Rubén Moreira y el electo Miguel Riquelme iniciarían horas más tarde el proceso de entrega-recepción, el obispo exhortó: “Tenemos que entender, hoy el Evangelio nos dice que busquemos la justicia de Dios. Sólo el derecho, sólo el sentido humano le da permanencia a la humanidad. Nosotros estamos en una situación muy difícil en el país y aquí.

“Todo este jaleo (es) por las elecciones, este es el problema. Porque ‘aquí entran otros de otro color (político) y quién sabe qué nos va a pasar a nosotros’. Ese es el jaloneo de que ‘yo no me voy de aquí’. Dicen ‘ay, este obispo’, pero nosotros tenemos la misión de observar la justicia y la paz en nuestro territorio, no sólo de Coahuila, hablo del país (…) Entiendan el Evangelio (…) lo que yo quiero que entiendan, que tenemos que ser coherentes”.
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