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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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30 Agosto 2015 04:00:55
Renovarse o qué, PRD
¿Cómo podría llegar el Partido de la Revolución Democrática a una elección presidencial con capacidades suficientes? Porque difícilmente lo hará para la que viene en 2016. Las gubernaturas en juego no le dan espacio competitivo, a menos que, como en Puebla y Oaxaca hace unos años, decidan aliarse con el Partido Acción Nacional. Aunque serían, como aquellas veces, victorias discretas que no podrían embolsarse por completo. Acaso su oportunidad de no salir tundidos en la elección del próximo año es definir cuál será el papel que jugarán. Suena imposible que definan su nueva dirigencia y de inmediato a sus candidatos para las 12 gubernaturas que se juegan en los siguientes meses.

Bastante sintomático fue que Carlos Navarrete acelerara su salida, más aún que comenzara a hablarse de que en su lugar llegaría no un perredista elegido en proceso democrático, sino uno de unidad, para no herir susceptibilidades. Agustín Basave fue/es el elegido; los rumores sumaron certezas cuando lo vimos afiliarse al sol azteca, pero de igual forma él mismo se encargó de cambiar la ruta o la versión, que no quiere que ninguno de los perredistas que ya habían
levantado la mano deje la contienda.

Cuando se anunció el proceso de cambio de dirigencia perredista, aquí escribimos que lo que más le urgía al partido era un cambio generacional. Colocar al frente a quien entienda la política que ha hecho el partido desde que fue fundado, pero también el tiempo en que ahora están parados; dejaron de ser la única oposición y tienen hoy la oportunidad de ser aquella izquierda ecuánime, la que dialoga y propone, la de capacidad de interlocución a pesar de que sus
causas sean las más incómodas para la agenda de los demás grupos políticos. Volverse una izquierda más racional y menos radical.

Levantaron la mano para ello Armando Ríos Piter, Fernando Belaunzarán y Zoé Robledo, todos perredistas que han dado la cara por el partido en momentos que se antojaban complicados. Ríos Piter, por ejemplo, supo decir que no cuando le ofrecieron la candidatura a la Gubernatura de Guerrero. Acto valiente como pocos, pues, dicho en sus palabras, dijo no querer un acercamiento con el exgobernador Ángel Aguirre, como se lo propusieron. Bastante congruente a la
carrera que Ríos Piter ha construido en estos años. En lo personal, pienso que aquí está el principal activo político perredista con miras a una renovación generacional.

Entendemos la estrategia de llamar a alguien como Agustín Basave, pero no están para improvisar una dirigencia con quien no ha sido parte del partido en los últimos años. Tienen demasiado en juego. Si para 2016 el Partido de la Revolución Democrática debe ya estar mejor, sabiendo que los números que logren en las urnas lo dirán todo sobre sus verdaderas condiciones frente al electorado; para 2018 debe ya haber definido un camino que no lo relegue como un
partido satélite, de esos que se pegan a un grupo con más posibilidades. Perdón, pero ese llamado que le hizo Silvano Aureoles, gobernador electo de Michoacán, a Andrés Manuel López Obrador, suena a aquel síndrome de EstocAMLO del que he hablado desde hace varios años. No importa lo que se digan ni lo que se hagan, al no haber mejor panorama, intentan regresar a la herida original, aunque de allá sólo reciban negativas y claros actos de arrogancia.

El Partido de la Revolución Democrática tiene hoy la oportunidad de ser esa nueva fuerza opositora, una que haya aprendido de sus imprudencias y codependencias, que esté dispuesta a aventarse a las futuras elecciones como un grupo verdaderamente renovado, y no como uno que improvisa y “resuelve” al aventón las crisis que hoy lo tienen tan desdibujado. De la juventud que le inyecten al partido depende el futuro que puedan alcanzar.
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