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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre "Catón"
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15 Octubre 2014 04:10:49
Renuncia obligatoria
Himenia Camafría, madura señorita soltera, se hallaba en su recámara, y un ladrón joven y apuesto se metió a robar por una ventana.

Lo vio la señorita Himenia y le dijo con voz firme: “¡Le doy exactamente 48 horas para que salga de aquí!”.

Don Hamponio, el narco de la esquina, logró escapar de la prisión en que estaba desde hacía 20 años.

Escondiéndose cautelosamente logró llegar a la casa donde vivía su esposa.

Ésta lo recibió con cara de pocos amigos.

“¿Dónde andabas, desgraciado? -le preguntó agriamente-.

¡El radio dice que te escapaste hace ocho horas!”.

La mamá de Pepito esperaba un segundo hijo.

El papá le dijo a Pepito: “Pronto vendrá la cigüeña a visitar a tu mami”.

“Ojalá no la asuste -se preocupó el chiquillo-.

Tú la embarazaste, muy pronto dará a luz, y cualquier sobresalto podría provocarle algún problema”.

Enrique Peña Nieto no sabe qué hacer con Guerrero.

Carlos Navarrete no sabe qué hacer con Ángel Aguirre.

Y Ángel Aguirre no sabe qué hacer con Ángel Aguirre y con Guerrero.

Por el bien del estado y de sí mismo el gobernador debería renunciar.

El conflicto que afronta ha rebasado ya el ámbito de lo jurídico y es ahora de índole política.

Su salida no sólo sería castigo a su evidente negligencia, sino demostración de que un gobernante que permite que en su entidad se instaure tal violencia, tal anarquía, no debe permanecer en su cargo.

Esa renuncia aliviaría, siquiera en parte, la tremenda presión social que hay en Guerrero, y permitiría además una mejor investigación de las circunstancias y hechos que han conducido a este caos.

El gobernador no puede sostenerse ya, y nadie ya puede sostenerlo.

Renuncie antes de que lo renuncien.

Sálgase antes de que lo saquen. Despedirse es menos penoso que ser despedido.

Si no lo hace lo desharán.

(Nota: Nuestro estimado colaborador se extiende durante siete fojas útiles más, y vuelta, en juegos de palabras como los anteriores.

Ante la imposibilidad de incluirlos aquí, por falta de espacio, nos vemos en la penosa necesidad de suprimirlos).

El presidente de la Liga de Béisbol le pidió a Babalucas que en el juego de inauguración tirara la primera bola.

“Ni la primera ni la segunda tiraré -respondió con enojo el tontiloco-.

A ambas les tengo mucho apego”. Doña Macalota dijo hablando de su esposo: “Se parece mucho a su mamá.

De no ser por el bigote se verían igualitos”.

Opuso una amiga: “Tu marido no tiene bigote”.

“Pero su mamá sí” -replicó doña Macalota.

El chico adolescente le preguntó a su papá: “¿Qué es una mujer tetona?”.

El señor se turbó un poco y acertó a responder: “En Francia hay una ciudad llamada Teton.

Se llama ‘tetona’ a la mujer nacida ahí”.

El muchacho no se dio por satisfecho con la respuesta. Su papá quiso saber: “¿De dónde sacaste esa pregunta?”. “Olvídate de la pregunta -le dice el adolescente-.

¿De dónde sacaste esa respuesta?”.

Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, conoció a un maduro caballero, y le echó el ojo.

Le comentó a una amiga: “El señor es tan viejo que podría ser mi padre, pero es tan rico que será mi esposo”.

Murió un señor que trabajaba de mesero en un elegante restorán.

Después de algunos días su inconsolable viuda fue con una espiritista y le pidió que invocara a su difunto esposo a fin de preguntarle cómo le estaba yendo en el más allá.

La médium puso las manos sobre la mesa que le servía en sus trances, y después de un rato de profunda concentración le dijo a la viuda: “Ya establecí contacto con el espíritu de su difunto esposo.

Pero se niega a venir.

Dice que ésta no es su mesa”.

Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Tercera Venida -no confundir con la Iglesia de la Tercera Avenida, que permite a sus feligreses el adulterio a condición de que lo cometan con miembros de la congregación-, se propuso redimir a una chica de tacón dorado que trabajaba en un burdel de la ciudad.

Fue al lupanar y le pidió a la madama que llamara a la chica.

“¡Ah! -exclamó la suripanta-.

Escogió usted muy bien, caballero.

¡Hotilia es excelente en su trabajo! ¡Lo dejará sin aliento!”.

“Señora -se ofendió el reverendo-.

Yo no acostumbro hacer eso con mujeres”.

“Por ahí hubiera usted empezado” -se molestó la mujer.

Luego, volviéndose hacia su ayudante, le dijo: “Tráele al señor uno de los muchachos”.

FIN.
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