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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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08 Julio 2018 04:00:00
Rescate de una joya
En una suma de esfuerzos del Gobierno federal, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia y el estatal, con la participación de la Secretaría de Cultura, que dirige Ana Sofía García Camil, así como con la colaboración de alumnos de la Universidad Autónoma de Coahuila, finalmente el martes anterior se puso en marcha el anhelado proyecto de restaurar la Capilla de la Concepción en la antigua hacienda de Santa María, en Ramos Arizpe.

Un gran número de veces se hicieron planes, presupuestos y hasta cronogramas para rescatar la capilla, pero a la hora de echar a andar el proyecto algo ocurría y los planes se quedaban en eso, en planes. Hoy se dan pasos firmes para recuperar esta joya del barroco mexicano que, además, cuenta con gran valor histórico.

Aunque se trata de una leyenda de que en esa capilla ofició por última vez el cura don Miguel Hidalgo y Costilla –en el juicio que se le siguió en Chihuahua aseguró haber abandonado todo ejercicio sacerdotal desde el 15 de septiembre–, es muy posible que el Padre de nuestra Independencia haya rezado allí ante la imagen de la Inmaculada Concepción.

En el Museo Nacional de Historia de Chapultepec se exhibe una silla de madera procedente de Santa María, donde se asegura se sentó alguna vez el cura Hidalgo. Quizás sería buena idea replicarla a fin de montar un pequeño museo para aumentar los atractivos del lugar.

Un dato histórico, probado, es que él y los principales insurgentes pasaron la noche del 16 de marzo de 1811 en la casa grande de la hacienda, frente a la pequeña iglesia. También por Santa María, escala en el viejo Camino Real, estuvo don Benito Juárez y cuantos transitaban de Saltillo al norte.

La capilla de Santa María es una construcción humilde, austera. Su presencia exterior no delata la riqueza de su altar, de un barroco desbordado, donde las floraciones en madera dorada invaden con sus caprichosas formas con los estípites de cuerpos bulbosos que marcan lo que los especialistas llaman “calles” del conjunto.

Los estípites constituyen, en materia de columnas, la locura del churrigueresco. Quienes los idearon olvidaron el cilindro de las columnas clásicas y de los rectángulos propios de las pilastras. Echando a volar la imaginación superpusieron volúmenes llenos de adornos hasta rematarlos en un capitel corintio y ramo de hojas de acanto –perdón por la pedantería, pero así se llaman—desbordándose en la parte más alta.

Hoy el ornamentado altar está semidesnudo. Hace ya más de 30 años, la entonces Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (Sedue) optó sabiamente por retirar las pinturas que existían y depositarlas en un templo católico donde todavía se encuentran. El motivo fue un pleito familiar por la propiedad del inmueble que amenazaba convertirse en saqueo. Entonces tuve el privilegio de ayudar a identificar algunas de las pinturas, algunas de ellas de muy buena factura, que pronto, esperemos, se podrán admirar de nuevo en el sitio que les corresponde.

No es de dudarse que con el apoyo del Gobierno del Estado y bajo la siempre estricta supervisión de Francisco Martínez, delegado del INAH en Coahuila, la restauración observará los cánones para este tipo de delicados trabajos, y que la capilla de Santa María recobrará la prestancia que corresponde a un edificio de tan altos valores artísticos e históricos.

LA DEL ESTRIBO

Hace 106 años, en 1912, el periodista Rafael Martínez, Rip-Rip, escribió una frase que hoy cobra vigencia aplastante: “O nos unimos, o nos hundimos: tenemos el derecho de escoger”.
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