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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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09 Junio 2018 04:00:00
Resentimientos
La mayoría de los mexicanos, los que amamos realmente a México deseamos que a nuestro país le vaya bien. Creemos en las instituciones, en un Estado de Derecho, creemos en las leyes y procuramos respetarlas.

Estamos conscientes que la corrupción en los altos niveles es la que ha propiciado el empobrecimiento de no pocos pueblos y familias y que ha promovido la enorme inseguridad que todos estamos padeciendo.

La aparición de la delincuencia no se dio de la noche a la mañana; había señales de advertencia que no fueron escuchadas ni siquiera tomadas en cuenta para que -en muy buen tiempo- se evitara crecieran los grupos delincuenciales.

La alerta se prendió a tiempo, pero fue ignorada. Hoy, todos nos sentimos amenazados y con justificada razón. Hay demasiada violencia, a cualquier hora del día. Ya no importa la hora o el lugar; los delincuentes se aparecen cuando se les da la gana. Ellos saben que la ley no los va a tocar.

Una petición generalizada de la ciudadanía es sin duda, el combate a la delincuencia y que haya un castigo a los culpables. Todos queremos sentirnos seguros en nuestra casa, en las calles, en los negocios.

En estas elecciones lo que he observado en el electorado, es un resentimiento tremendo, lamentablemente muy justificado por todo lo que nos han robado quienes han gobernado.
Sabemos que en la política hay de todo. Buenos, malos y peores. Los últimos años fue un descaro lo que hicieron. Individuos ocupando cargos, saqueando las arcas sin que la vara de la justicia los alcance.

Porque el hecho de “pescar” a unos cuantos no nos ofrece la certeza de que regresen lo robado. Se divorcian para dividir el botín o aparecen como “blancas palomas” porque por esas casualidades, su nombre no aparece por ningún lado.

Y cómo va a aparecer si van a dar a asociaciones que no existen; empresas fantasmas o de prestanombres. Individuos tan corruptos como el que los indujo a aceptar un negocio de dudosa procedencia. No debería ser juzgado solo el político, sino también el que lo sigue en un negocio perverso que causa un gran daño a la Nación y por supuesto, al pueblo. Ese pueblo sufrido y abnegado que ha sido aguantador, que hoy está, peligrosamente rebelándose.

La pobreza -digan lo que digan y ofrezcan los candidatos- no se va a terminar de un plumazo. Eso lo sabemos, muy bien. Es la bandera que enarbolan los candidatos en las campañas. Creen que, con programas sociales, van a transformar a México y no es así.

Como tampoco la criminalidad se va a terminar pactando con los delincuentes.

Lo que hoy se ve en estas elecciones, es coraje, frustración, resentimiento contra un partido político, el mismo que ha gobernado y al que se culpa de todos nuestros problemas, cuando los que hoy más le tiran son aquellos que militaron un día en sus filas. Los mismos que obtuvieron beneficios y que si se alejaron es porque ya no lograron lo que se proponían.

Casualmente -casualidades que no existen- al formar parte de otra plataforma política se presentan como redentores, como los únicos que tienen la solución a una problemática de la que ellos también formaron parte.

No son “engaña tontos” porque el pueblo no lo es. Son manipuladores que aprovechan el descontento popular para tratar de escalar a un poder, donde la ambición no tiene límites.

¿Les importa el pueblo? ¡Por supuesto que no! Forman partidos políticos para vivir del presupuesto. Sí, de los impuestos de los mexicanos. Son hipócritas al decir que viven modestamente, pero sus hijos derrochan en la compra de autos de lujo. ¿Alguien los entiende?

Nada más peligroso que darle poder a un farsante. De esos, ya hemos tenido muchos.

El pueblo está dolido; se siente decepcionado de sus gobernantes que se han robado, ellos y sus familias y cómplices todo lo que han podido, dejando a un pueblo sumido en la miseria. Con pensiones indignas, con trabajos mal pagados, con hospitales con grandes carencias y donde el personal trabaja con “las uñas” al igual que en los centros educativos.

Entiendo el sentimiento y el resentimiento del pueblo, de mi México querido; sin embargo, una mala decisión nos puede costar más caro de lo que se puede pensar. Hay que cambiar a México, sí, estoy de acuerdo, pero no poniendo a cualquiera en el poder. No a quien no sabe escuchar y quiere imponer ideas que nada tienen que ver con nuestro sentir. No por quien dice una cosa y al rato cambia de parecer. No por aquel que desprecia a las instituciones y pretende modificar la Constitución por eso pide mayoría en los Congresos.

Y por favor…..No hay que guiarse por las encuestas, que como sabemos, son pagadas, por lo tanto, manipuladas.

Hay que pensar en el futuro para las generaciones por venir, por nuestros niños, nuestros jóvenes.

Estoy consciente que muchos gobernantes nos han traicionado y se han adueñado de nuestros recursos. Que todos quisiéramos verlos tras las rejas, cuando menos, después de devolver nuestro patrimonio, no dejándoselo a su familia y cómplices para que se den la gran vida en el extranjero apareciendo en las páginas de las revistas del jet set.

Sin embargo, poner a quien es casi seguro va a perdonar a los culpables ¿será la solución? Reflexionemos un poco en esto. El caso Ayotzinapa, la aparición de líderes corruptos en cargos importantes con impunidad, entre otros casos, hacen pensar en un pacto con el gobierno.

¿Cúanto nos va a costar el resentimiento, el coraje y el repudio a un partido político, a un sistema? Quien aspira a gobernar, manipula circunstancias y promete, pero no garantiza acabar con corruptelas si pacta con corruptos y delincuentes.
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