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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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08 Enero 2018 04:07:00
Revolución silenciosa
El ascenso de Miguel Riquelme al poder marca el final de los liderazgos tradicionales de La Laguna y de Saltillo, iniciado hace 12 años por Humberto Moreira y acelerado en el sexenio de su hermano Rubén. Los agentes que por décadas dominaron el escenario regional, debido a su trayectoria, posición social, peso económico y relaciones políticas, fueron desplazados por una generación que ganó el Gobierno en poco tiempo con nuevas estructuras y formas de organización, pero sobre todo con una férrea disciplina.

El primer gobernador lagunero de los últimos 54 años proviene de los cuadros del PRI utilizados en el trabajo territorial y la movilización del voto, antes marginados de los cargos relevantes, los cuales se reservaban para la clase política. Sin embargo, el conocimiento y el control de la maquinaria lo tenían los operadores electorales. La suya fue una especie de revolución silenciosa fraguada desde Saltillo.

En el PAN sucede lo contrario. Líderes históricos como Juan Antonio García Villa y Jorge Zermeño, reprimidos en los 70 y 80 del siglo pasado, antes de ganar las primeras elecciones federales y locales, están de vuelta luego de ser excluidos. Las aspiraciones de Zermeño de ser candidato a senador en 2012 y a alcalde de Torreón en 2013 fueron bloqueadas. En el primer caso, el exembajador de México en España acusó a la dirigencia panista de haber abultado el padrón de militantes con beneficiarios de los programas sociales del Gobierno federal.

En 2015 el PAN postuló a Zermeño para diputado federal por el Distrito VI, pero perdió frente al PRI y el Partido Verde. Entonces se le dio por desahuciado. Sin embargo, en 2017 ganó la Alcaldía de Torreón por amplio margen para un periodo de un año y el 1 de julio próximo podría reelegirse para el trienio 2019-2021. Zermeño fue el primer alcalde no priista de Torreón y el primer senador de mayoría; también presidió la Cámara de Diputados.

García Villa, una de las figuras más reconocidas del PAN a escala nacional, es diputado de representación proporcional en la Legislatura que entró en funciones el 1 de enero, primera donde el PRI no es mayoría. Si los diputados del PAN (nueve), Unidad Democrática de Coahuila (tres), Morena (dos) y PRD (uno) forman un frente y diseñan una agenda que responda a demandas sociales más que a intereses partidistas, podrían representar un contrapeso real para el Gobierno de Miguel Riquelme.

En el pasado proceso para nombrar candidato a gobernador el PAN no logró unificarse. La designación del exalcalde de Torreón, Guillermo Anaya, provocó un conato de rebelión. El senador Luis Fernando Salazar acusó de traidor al presidente de Acción Nacional, Ricardo Anaya, y tardó en sumarse al elegido. Isidro López Villarreal y Gerardo García, alcaldes de Saltillo y Monclova, y aspirantes al Gobierno, tampoco participaron de manera entusiasta en la campaña del abanderado de su partido.

En el PRI, la preferencia de Rubén Moreira por Miguel Riquelme provocó las renuncias de Noé Garza Flores y Javier Guerrero, quien se postuló como candidato independiente. Guerrero estuvo lejos de los dos primeros lugares, pero los 105 mil votos que le restó a su expartido redujeron la diferencia entre Riquelme y Anaya a 30 mil papeletas. El PRI estuvo a punto de perder, pero la disciplina y el control sobre las estructuras le permitió conservar el Gobierno así haya sido por una nariz.
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