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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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02 Septiembre 2017 04:00:00
Riesgos por fenómenos naturales
Cada vez son más los riesgos que la humanidad corre debido a fenómenos naturales. A pesar de que algunos políticos no le dan la importancia que debería dársele, existe el llamado “cambio climatológico”. De lo contrario cómo explicar las modificaciones que ha sufrido nuestro planeta en lo que a situaciones ambientales se refiere.

Estamos conscientes que son diversos los factores que han permitido las modificaciones que ha sufrido el medio ambiente. El crecimiento de la población; el establecimiento o construcción de colonias en zonas que no eran aptas y que arrasó con árboles propiciando su tala indiscriminada.

Esa falta de respeto a la Madre Naturaleza, el mal comportamiento de todos nosotros que en lugar de agradecer y aprovechar adecuadamente los recursos naturales con que contamos, hacemos mal uso de ellos. La mayoría de las veces nos apropiamos de ellos como si fueran de exclusividad personal, no destinados para satisfacer la demanda de todos los habitantes de la tierra.

La irresponsabilidad tiene un costo; en un tiempo no determinado la naturaleza se encarga de cobrarnos lo que hemos dejado de hacer por ella: Cuidarla.

La magnitud de los fenómenos naturales que hoy se presentan es una muestra de que la humanidad ya está rebasada.

Nos debe quedar muy claro que en una catástrofe como la que recién sucedió en Texas, posiblemente se repita en otro lugar. Nadie sabe cuándo ni dónde pero de que habrá más problemas, los habrá.

Están sucediendo muchas cosas que antes no se veían; advertencias existieron. Lo que estamos viviendo tiene su origen en la falta de cuidado, amor y respeto hacia todo lo que se nos había prestado y debimos haber cuidado para las generaciones por venir.

Un ejemplo muy sencillo. Una catástrofe no distingue estatus sociales o económicos. Lo mismo destruye una casa pequeña que una mansión. Cuando un patrimonio ha sido construido con esfuerzo, duele perderlo.

De antemano se está consciente que lo más importante es salvar la vida, porque estar vivo representa la oportunidad de luchar, de trabajar. Las cosas materiales constituyen el adorno, el gusto por algo que hemos de disfrutar momentáneamente y por un tiempo determinado.

La vida, es el regalo maravilloso que nos da Dios para dar y recibir amor, para construir, sobre todo un mundo mejor.

El huracán Harvey -así como otros más- nos han mostrado el dolor de un gran número de familias, además de la impotencia ante lo irremediable. Observar como en un instante algo puede desaparecer sin que haya poder humano que detenga el brazo destructor de un meteoro.

Ha sido verdaderamente impresionante ver cientos, miles de familias, dejando su hogar, unas por necesidad ante la inundación y otras por prevención.

Cada caso, una historia.

De todas las tragedias se aprende algo, de eso no hay la menor duda. Se aprende en carme propia, o a través del ejemplo de otros. Pasar por situaciones de verdadero riesgo nos muestra la realidad que se vive. Ya no basta una buena casa o un buen vehículo para movernos. Ante una contingencia todos somos iguales.

Zonas habitacionales que nadie se imagina que pueden ser vulnerables -a inundaciones por ejemplo-, se convierten repentinamente en ríos, cuya fuerza destructora supera a las expectativas de los constructores de fraccionamientos.

En la actualidad, me pregunto, al ver los riesgos por fenómenos naturales, ¿hay un lugar que garantice la seguridad?

Definitivamente no creo lo haya. El crecimiento de las ciudades, la necesidad de ofrecer viviendas, ha provocado la tala de árboles, que van cayendo, heridos mortalmente por las herramientas y arrasados por las máquinas. Nadie pareció tomar en cuenta que un árbol es parte importante de la vida, un “pulmón” necesario para la sobrevivencia del ser humano.

Sin embargo en toda tragedia asoma el rostro generoso, la mano amiga. La solidaridad se deja sentir no solo en los equipos de salvamento, sino en la población que se organiza para acudir en auxilio de sus vecinos o de alguien que lo necesite. Eso es lo que ocurrió en Houston.

Grupos de voluntarios acudieron de inmediato a ayudar a otros, no esperaron a que las autoridades empezaran. La tragedia ha sido de gran magnitud y todos conscientes que la ayuda no sería suficiente. Había que salir a apoyar.

Conmovedoras escenas quedarán grabadas en la memoria, en nuestra memoria, de eso no hay duda.

La reconstrucción de ciudades de Texas, tardará años. Son demasiados los daños que ocasionó Harvey. Como grandes son los daños que están ocasionando las lluvias en ciudades de nuestro país.

Drenajes colapsados, socavones que denuncian el paso del tiempo y más problemas que se irán agravando, aunque no se deseen.

Los riesgos por fenómenos naturales, están ya en todas partes. Es muy triste, pero es la realidad.

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