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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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18 Enero 2018 04:00:00
Rojo mexicano
Cuando Manuel Loaeza y Manuela Caldelas se casaron en Jamiltepec, en 1827, pensaron que se harían millonarios si se dedicaban, como sus antepasados, a exportar la grana de cochinilla, el “rojo perfecto”, que había hecho furor en toda Europa. Sabían que en el siglo 16, la cochinilla mexicana se vendía tanto entre la realeza y los pintores, que en 1589 la bolsa de valores de Amsterdam inició su cotización. Los recién casados sabían que para el Imperio español, después de la plata no era el oro, sino la grana cochinilla. Sabían que el rey sol, Luis XIV, había pedido que se tiñeran todas las cortinas, los sillones y las colchas de todas las camas reales de Versalles con el “rojo mexicano”. Y por último, sabían que la grana oaxaqueña había coloreado en Europa los uniformes de los soldados de Napoleón, así como de las casacas rojas de los ingleses y de los soldados prusianos. Mi tatarabuelo era un hombre muy ambicioso y visionario, no le bastaba haber sido nombrado capitán para la 5a Compañía de Batallón de Milicias Cívicas, ahora quería que su mujer se ocupara de la cochinilla. En el patio de su casa había varias nopaleras, nada más sencillo que extraer el pequeño insecto que habita en los nopales, y que produce una cantidad significativa de carmín. Entonces, hasta los niños ayudaban a los adultos a sacar el pigmento. Lo que no sabían los recién casados es que para entonces el valor del rojo empezaba a declinar. Andando el tiempo, el rojo ya no sería una señal de riqueza, poco a poco el rojo se convirtió en un color demasiado atrevido, no tardó en convertirse en el color de “los sinvergüenzas y de las busconas”. La aparición de pinturas sintéticas más baratas sustituyó la grana de cochinilla. Por eso el matrimonio de Manuel y Manuela Loaeza mejor se fue a vivir a Oaxaca, en donde nacieron cinco hijos más, aparte de los siete que habían nacido en Jamiltepec.

De todo esto me acordaba el domingo pasado, mientras admiraba la maravillosa exposición Rojo Mexicano. La Grana Cochinilla en el Arte, en el museo de Bellas Artes. Si no han ido a esta exposición, no dejen de hacerlo, quedan tres semanas más. El INBA, con el apoyo de la Oficina de Marca País de la Presidencia de México, la Secretaría de Turismo y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, se lucieron con esta exposición de obras de artistas mundiales pintadas con grana cochinilla mexicana. Gracias a los museos de Louvre, del Prado y National Gallery tenemos la oportunidad de ver reunidas obras de los españoles Velázquez y El Greco, de Turner, Gauguin, Renoir, el mexicano Cristóbal de Villalpando... El rojo con el que pintó el aura de la Virgen de Guadalupe parece como un milagro. Su vestido morado también fue pintado por cochinilla. Igualmente, nos sorprende la pintura de la recámara de Van Gogh en Arles. ¡¡¡Que además es patrimonio de Francia y nunca había venido a nuestro país!!! El pintor intentó que el cuadro sugiriera “el descanso o el sueño en general”. Lo que más llama la atención de la obra es el rojo del edredón que aparece sobre la cama, pintada por una abundante capa de cochinilla.

El pintor veneciano Tintoretto también utilizó la grana cochinilla para “ilustrar su cuadro La Deposición de Cristo, a finales de 1550, y su hijo Domenico Tintoretto también se sirvió de este colorante para plasmar su visión del episodio bíblico de Judith y Holofernes en 1590. De las zonas portuarias, comenzó a extenderse a otros países. Y, al mismo tiempo, se diversificó su uso y se empezó a convertir en el color de los poderosos, como hizo Velázquez para decorar el fondo de su retrato del arzobispo Fernando de Valdés en 1645. Príncipes y personajes acaudalados en Inglaterra, Francia y España querían que en sus retratos reluciera el carmesí natural de la cochinilla”. (“La grana cochinilla, el insecto que coloreó el mejor arte europeo de ‘rojo mexicano’. Auge y decadencia”, ABC).

Hay que decir que hoy la grana cochinilla sigue tendiendo presencia en el arte. Además de los usos que se le da en la gastronomía (en yogures, embutidos, dulces mexicanos, panadería, bebidas como el mezcal o el Campari... (que, aunque no lo crean, tiene grana cochinilla mexicana) y en la industria farmacéutica, entre otras.

En estos tiempos tan turbulentos e inciertos que acontecen en el mundo y en nuestro país, no hay nada mejor que ir en busca del arte. Especialmente si este tiene que ver con la riqueza que México, “única poseedora de tan gran tesoro”, como fue para todo el mundo la grana de cochinilla.
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