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Columnista Invitado
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05 Agosto 2017 04:00:00
Romero Deschamps sufre crisis de autoestima
Recientemente recordaba tres noticias aparecidas en los diarios nacionales: “Pemex perdió 59 mdp diarios por ‘huachicol’”; “¿Por qué las petroleras volvieron a mirar a México?”, referente al éxito de las subastas de campos petrolíferos, y “Cuida PRI en Senado a Deschamps”, del celo del tricolor por proteger al poderoso y multimillonario líder petrolero.

¿Qué tienen en común las tres notas? Es claro: Pemex.

Una empresa tan descapitalizada que ha tenido que ceder el monopolio energético de este país, a la espera de que lleguen los grandes tiburones a explotar nuestros recursos, y dejar una tajada por ello.

Por ejemplo, en las aguas profundas del Golfo de México, donde Pemex no sueña ni con trabajar, por falta de tecnología –conocimientos– y de recursos –dinero.

Y ahora nos enteramos de que una empresa, parte de cuyo capital es mexicano, recién encontró un gigantesco yacimiento, pero no en aguas profundas, sino someras, donde Pemex ha explorado por décadas y, se supone, tiene conocimiento del área.

La empresa, Sierra Oil, no sólo emplea a técnicos y exfuncionarios de Pemex, al parecer es “propiedad” de Carlos Salinas de Gortari.

Otro dato: en los casos de ordeña de oleoductos no solamente hay involucrados aventureros y piratas improvisados.

Aunque la inversión para instalar una toma clandestina es relativamente barata, actuales y exfuncionarios de Pemex aceptan que es necesario conocimiento interno de la empresa para determinar cuándo perforar el ducto y cuándo abrir la llave.

Es decir que hay empleados o exempleados de la empresa pública involucrados. Sí: todos ellos sindicalizados.

Lo cual nos lleva al poderoso Carlos Romero Deschamps, que sólo cobra su humilde salario como dirigente sindical, más un extra para salir la quincena de su eterno puesto como senador de la nación.

Y aun así le alcanza para poseer mansiones, yates de lujo y hasta para darles la gran vida a los orgullos de su nepotismo: sus angelitos, quienes son querubines adorados por las redes sociales, donde aparecen presumiendo la gran vida que se dan.

Viajes por los cinco continentes, autos dorados, jets privados, helicópteros, bodononones dignos de barones multimillonarios. En fin.

Más allá de la maldita envidia que nos corroe, nos invade la duda: ¿de dónde demonios sacan para la vida que se dan? De nosotros, claro. Pero ¿qué más?

Si esperan que aquí lo aclaremos, están perdidos: ni siquiera los legisladores han logrado que se abran las cuentas del poderoso y corrupto sindicato petrolero, gracias al bloqueo constante del PRI.

Mucho menos un periodista del montón y a punto de entrar en cirugía (deséenme suerte, no sean móndrigos).
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