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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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21 Mayo 2018 04:00:00
Romo y Andrés
Andrés Manuel López Obrador lo ha escogido como su colaborador más cercano. Se trata de Alfonso Romo, sobrino nieto de Francisco Madero, jinete olímpico, empresario multimillonario y filántropo, quien asumió el papel de coordinador del Proyecto de Nación del candidato y será, según el propio tabasqueño, su jefe de gabinete en el cada vez más probable caso de que gane la elección del próximo 1 de julio. Lo que dice Romo, por lo tanto, es importante.

El 20 de noviembre de 2017, al presentar el Proyecto de Nación ante un Auditorio Nacional repleto de entusiastas simpatizantes de López Obrador, Romo ofreció palabras que podrían haber sorprendido a un público de izquierda. La libertad, dijo, será el centro del esfuerzo del nuevo gobierno. “Defendemos la libertad como condición humana para progresar, crear riqueza, abatir la pobreza y realizar el sueño que cada quien quiera”.

Sentenció: “No vemos la propiedad privada como una concesión benévola del estado, sino como un derecho inherente a cada hombre y a cada mujer”.

Me he preguntado si esa multitud de 10 mil personas, reunida en el Auditorio Nacional en el aniversario de la Revolución para apoyar a López Obrador, entendió realmente lo que estaba aplaudiendo.

El Proyecto de Nación dista de ser tan radical como las propuestas del pasado de López Obrador. Ya no hay en el documento, por ejemplo, promesas de echar para atrás las reformas estructurales, particularmente la energética. El texto plantea “cambios en la legislación secundaria en materia petrolera”, pero no nuevas enmiendas constitucionales.

No todos los seguidores de López Obrador han estado contentos con este cambio. Mucha atención se ha prestado a las palabras del escritor y militante de Morena Paco Ignacio Taibo II: “Dice (Romo que) no afectaremos las concesiones para la industria petrolera de las transnacionales. Mi pregunta es muy sencilla: ¿Quién chingaos le dijo a Romo que somos ‘nos’? ¿A nombre de quién habla? Porque que yo recuerde, hasta ahora, en el último congreso y los tres últimos consejos nacionales de Morena, se ratificó plenamente la (postura) de echar abajo la reforma energética”.

López Obrador se ha abstenido de distanciarse públicamente de Taibo, pero en cada oportunidad ha recalcado que Romo representa sus posiciones. Por eso hay que escuchar al empresario.

En una entrevista con Pablo Hiriart para ADN40 la semana pasada, Romo declaró que López Obrador no busca cambiar el modelo económico, sino “mejorarlo”. “No estamos para venir a destruir lo bueno. Estamos totalmente a favor del Tratado de Libre Comercio. No estamos diciendo ‘Vamos a parar lo global’. Nadie está hablando de sustitución de importaciones. Es muy importante tener una verdadera economía de mercado” (El Financiero).

¿Por qué habría de asumir Andrés Manuel una posición tan distinta a la del pasado, cuando prometió cancelar las concesiones petroleras, como nos recuerda Taibo II? Porque, según Romo, “Todos somos hombres cambiantes, todos vamos aprendiendo”.

López Obrador está obligado a pensar cada vez más como gobernante y no como político en campaña. Sabe –y si no se lo recordará Romo, dueño entre otras empresas de la casa de bolsa Vector– que una posición muy radical o una reversión de las reformas económicas podría provocar una fuga de capitales y una crisis económica, que no es la manera de empezar un nuevo gobierno.

24,215 MILLONES

El INE está gastando este año 24 mil 215 millones de pesos de los contribuyentes, de los cuales entregará 6 mil 789 millones a los partidos. Pretender que la mejor forma de ayudar a la sociedad es que un trabajador entregue sus honorarios al INE es absurdo. Si el trabajador quiere ayudar a otros, maravilloso, sobre todo si lo hace sin cacarear. Pero la clase política no necesita más dinero.
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