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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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05 Enero 2017 03:00:00
Rosca de Reyes
Dos amigos acuden a una panadería (centro comercial o club de precios). Han pasado dos o tres días del Día de Reyes y compran una rosca que con el transcurso del tiempo ha bajado de precio, desde 50% de descuento hasta que la vendieron al costo para no perderle. Como la rosca no es fresca, está dura y ellos deciden remojarla en una bebida caliente para hacerla más fácil de comer y así, con alegría, conservan la tradición, “aunque sea sopeada”.

Anteriormente, la rosca se preparaba de la siguiente manera: la masa llevaba harina, azúcar, mantequilla, raspadura de naranja y huevo; la pasta era de harina, azúcar, huevo, leche y vainilla, por eso el sabor tan característico; a lo que se sumaban los pedacitos de cajeta, las nueces o cerezas para darle un toque especial que la hacía tener ese sabor memorable.

Con motivo de la globalización y la búsqueda de mayores utilidades y facilidades en preparación, los grandes comercios han cambiado a las harinas preparadas a las que solamente se les agrega agua, por lo que las roscas no tienen el buen sabor tradicional al que estamos acostumbrados. Algunas rellenas de chocolate y otras de crema, son roscas del siglo 21 para estar a la moda, llenas de conservadores para que duren más.

Con motivo de la incertidumbre que vivimos, muchas personas no consumirán la rosca o buscarán alguna alternativa. Muchos negocios se adelantaron y prepararon roscas hasta con 20 días de anticipación; tal vez no se vendan y con el transcurso de los días vendrán las ofertas para recuperar algo, así tengan que vender al costo.

Las roscas no serán como en el pasado y muchos las comprarán días después a un costo bajísimo aunque estén duras y a sabiendas de la gran cantidad de conservadores, sin embargo, la solución será sopearla en un café o un chocolate y así decir: “Al menos conservamos la tradición”.
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