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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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28 Mayo 2017 04:00:00
Sabina, divino Sabina
“La música cuando va acompañada de una idea placentera, es poesía”. Edgar Allan Poe. Escritor estadunidense.

Conocí la música de Joaquín Sabina de casualidad, por una canción de Guadalupe Pineda que simplemente me gustó y que además escuché en la radio. Cuando por fin pude, después de mucho investigar, conseguir la letra completa y saber quién era el autor lo primero que me dije fue ¿quién es ese tal Joaquín Sabina?

No omito decirles que estamos hablando de finales de los 80 y principios de los 90, prácticamente la prehistoria del internet, y entonces las redes sociales, ni posibilidad de imaginarlas –salvo en la mente supongo de quienes finalmente fueron sus creadores– por eso el comentario de “cuando por fin pude”.

Y lo que más me gustaba de la canción era su lírica. Los versos eran perfectos en ritmo y rima; las metáforas increíbles y, lo más importante, con elementos estrictamente cotidianos le cantaba al amor. Y no de un modo cursi –de lo que muchos a veces me tachan–, sino con una inteligencia arrolladora; y precisamente por tomar elementos cotidianos, la canción y el mensaje de la misma se convertían en lo contrario, es decir ¡extraordinarios!

Desde entonces traté, y sigo a la fecha tratando de conseguir todo lo que de música y literatura ha producido Sabina y, por supuesto, asistir al mayor número de conciertos en tanto sea posible. Y así lo hice el sábado de la semana pasada, cuando acudí a una cita más con el genio de Jaen, en la Arena Monterrey.

Pero por ahora dejaré lo anecdótico para otra ocasión, limitándome a decir que el concierto, como TODOS los de Sabina, fue un dechado de virtudes, desde la producción hasta el desarrollo del mismo, sobre todo por sus intérpretes, es decir, no sólo Joaquín, sino el fantástico grupo de músicos que lo acompañan. Comentando además que la compañía en mi caso fue también inigualable: mi padre, que se ha convertido de un tiempo a la fecha en compañero de este y otro tipo de aventuras, en el mejor de los sentidos, de quien esto escribe, y ello, por una razón poderosa como lo es el que, como en cuestiones sentimentales, me fue dado el don de las relaciones complicadas, acompañándome de él evito en lo posible meterme en auténticos problemones; aunque debo reconocer que incluso ni su ojo avizor de padre y maestro sirve de mucho en algunos casos particulares.

En todo caso lo que en este texto quiero poner a consideración de Ustedes mis sibaríticos lectores es el genio de Joaquín en términos literarios, dada su perfección de letras. Empezaré por decir que se nota a leguas su conocimiento de los clásicos poetas del Siglo de Oro español como Garcilaso, Góngora, Lope de Vega y, por supuesto, Francisco de Quevedo. El mejor ejemplo de lo afirmado fue su primer poemario Ciento volando de Catorce, particularmente su serie Benditos y Malditos y dos sonetos geniales de título Así Estoy Yo sin ti y Puntos Suspensivos.

Por eso, insisto, las letras de sus canciones son auténticas joyas líricas y no nos extrañe que a la vuelta del tiempo suceda con él lo que sucedió con Dylan, que sea premiado por su calidad como escritor con el más grande reconocimiento en la materia. De hecho, cuando le fue dado el Nobel al oriundo de Minnesota –que muchos decían, yo incluido, que quién más lo merecía era Leonard Cohen, además de un parecido asombroso hasta en lo físico con Sabina– muchos pensaron que tal hecho, el galardón a Dylan, abría las puertas del mencionado palmarés al mismísimo Sabina.

Y para muestra, varios botones que tomo de distintas canciones de él, citándolas; y de las cuales, quizá en ulteriores entregas, haga un análisis en lo particular. Sin duda, si los clásicos aquí citados leyeran a Sabina, seguramente cambiarían algunos de sus textos, por alguna de las producciones musicales del Maestro de Ubeda. Espero sean de su agrado.

Hoy dijo la radio que han hallado muerto al niño que yo fui, que ha caído la bolsa en el cielo, que un golpe de estado ha triunfado en la Luna, que el hombre de hoy es el padre del mono del año 2000. Eclipse de mar

A mis cuarenta y diez, cuarenta y nueve dicen que aparento. Desde que salgo con la pálida dama ando más muerto que vivo, pero dormir el sueño en su cama, me parece excesivo. A mis cuarenta y diez

Esta vez yo quería quererla querer, me dejó el corazón en los huesos, tanto la quería que traté en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches. 19 días y 500 noches

Ahora que tengo un alma que no tenía, ahora que está tan sola la soledad, ahora que está tan lejos el olvido, ahora que los sentidos sienten sin miedo, ahora que me despido pero me quedo, ahora que estoy más vivo de lo que estoy, ahora que nada es urgente, que todo es presente. Ahora

Yo no quiero 14 de febrero, ni cumpleaños feliz. Lo que yo quiero corazón cobarde es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere, mata; porque amores que matan nunca mueren. Contigo

Que el diccionario detenga las balas, que los que esperen no cuenten las horas, que los que matan se mueran de miedo, que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. Noche de bodas

Corre dijo la tortuga, atrévete dijo el cobarde, no me grites dijo el sordo, hoy es jueves dijo el martes, pruébame dijo el veneno, ámame como odian los amantes. Corre dijo la tortuga

El agua apaga al fuego y al ardor los años, amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Amor se llama el juego
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