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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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12 Abril 2015 03:10:16
Sabios consejos bajo un caminito
Bajo el caimito, el tío Juan pontifica…

En esa silla medio verde y medio café, mira hacia un horizonte cubierto por las ramas de los mangos y los tamarindos… por el ciruelo criollo.

Las manos de la negriza resuman del lechoso caimito que embarra bembas.

“Nunca pongan el pitito más arriba de la cabeza, porque no da… y les va a provocar mucho dolor”.

Nos miramos, sonreímos… ¿A quién se le ocurre que se puede jalar el pitillo y estirarlo por encima de la cabeza?

¿Quién pudiera entender ese mensaje?

En esa tardecita asfixiante, de sol y de humedades en el ambiente, en la que se suda nomás de pestañear, en la que se escucha zumbar a los caraballos que seguro han de buscar refrescarse con el aleteo… en esa tardecita de repente la carrera de Chinchulín… el ladrillo que lo persigue por las patas cuchas… y el grito.

Sí señor, doña Chucha sale detrás suyo, con una sinfonía de gritos y de mentadas… de advertencias y conjuros.

“No tienes huevos… no tienes huevos… regrésate, ándale”.

Miramos un poco, pero no hay gran cosa.

Eso suele darse de perdido una vez a la semana, cuando no es el Chinchulín es Pepe el Charro…

Siempre alguien saldrá corriendo de la cuartería de las muchachas, donde doña Chucha administra el negocio con sapiencia y con toda la discreción posible.

El tío Juan mira… entrecierra los ojos como queriendo aclarar la visión.

“¿Qué no es ese el marido de Filomena la colorada?”

-Ese mero tío… ese mero…

“¿Y no estaba aquí la semana pasada y le dije que no fuera a meterse allí?…

-Sí tío… clarito que me acuerdo.

“¿No es cierto que le dije que nadie le iba a dar servicio gratis por más carita que se sintiera?”

-Uuuuy… hasta parece que lo estoy oyendo, tío.

“¡Les digo… les digo!”…

Silencio total durante varios segundos…

“La cabeza es para pensar… pero si te estiras el pitillo por encima de la cabeza, ni piensas… y como quiera no te alcanza…

¡Pero hasta que no te pasa, no lo entiendes!”

O como remataría Checherengüe…

“No tienes más manguera que la que te tocó… mídete las lumbres”.

Así es, en efecto… pura sabiduría.

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