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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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30 Julio 2017 04:04:00
Saltillo, 440 años
“Un aniversario es un momento para celebrar las alegrías de hoy, las memorias del ayer y las esperanzas del mañana”. Anónimo

Pues llegó el 440 aniversario de nuestro amado Saltillo y la ciudad se vistió de fiesta. Pero ¿en realidad son 440 o son más? Hay documentos que sitúan la fundación de Saltillo 5, 10 y hasta 15 años antes. Incluso hace poco se descubrió otro que se refiere a un inventario, hasta donde recuerdo, situado a principios de los 60 del siglo 16. 1561, 1563, 1565, ¡qué importa! Aunque sea por decreto, a Saltillo le fue dada su fecha de nacimiento y por ende de cumpleaños; y si damos por buena la contenida en el documento de Parral, Saltillo, en efecto, tiene 440 años de haber sido concebida como ciudad. Pero citando al maestro normalista Federico Leonardo González Náñez: “En ese entonces Saltillo no existía, y menos como tal, no era Saltillo ni su nombre tan discutido en cuanto a su significado y sus orígenes. Era entonces –y sólo esto– un valle ubérrimo, y en las colinas o cerros que lo circunvalaban, sobre la parte sur, extrema, en donde cambia la tierra su nivel, una caída de agua y un ojo de esta o manantial. Por lo que de un Saltillo inexistente sin traza ni motivo, con gente inexistente constituida como su población, difícil es decir en verdad como era; cómo de los que no vivían y no estaban, decir de sus costumbres, el modo de caminar sus días, y vivir sus creencias, sus sueños, sus actividades y sus afanes”.

Sin embargo de este Saltillo sí podemos hablar y en su 440 aniversario decimos, ahora en palabras de su alcalde Don Ysidro hijo de Lope y de la Villa Real, que “los saltillenses estamos hechos de mestizaje, somos migración. En el encuentro de quienes llegaron, sus tradiciones y creencias se fusionan en esta tierra para dotarla de identidad y orgullo. Saltillo, la capital más antigua de los 10 estados que integran la frontera de mayor tránsito en el mundo, celebra un año más de su fundación con un deseo de fraternidad para tender puentes y derribar muros a través de la cultura y la manifestación de las bellas artes. Nuestra comunidad erigida por españoles, portugueses, judíos, árabes y tlaxcaltecas hace casi 4 siglos y medio reafirma su personalidad transhumante y le dice al concierto de las naciones que aquí todos son bienvenidos: sus usos y costumbres nos vuelven más ricos. Sirva la fiesta de la ciudad como tributo a las comunidades china, africana y caribeña que llegaron luego y poco recordamos, gracias por su legado; sirva también como gesto de cordialidad para los nuevos habitantes que en años recientes llegaron de Centro y Sudamérica, de Europa de la India y de Corea, nos sentimos felices de tenerlos entre nosotros”.

Y en ese celebrar, un evento que se ha vuelto tradición es el festival cultural de nuestra patria chica que organiza el Instituto Municipal de Cultura, bajo la responsabilidad de doña Mabel Garza Blackaller, que el presente año nos trajo eventos literalmente de todo tipo y de todos lados: teatro música, poesía, danza, mucha mucha danza. Artistas de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Estados Unidos, Francia, Georgia, Inglaterra, Japón, Italia, Rumania y Rusia.

Y si hablamos de nuestro país, eventos y artistas igualmente de Ciudad de México, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Nuevo León, Querétaro, Sonora y Coahuila; por supuesto, privilegiando a los hacedores de cultura saltillenses, con su infaltable matlachinada y una exposición que nadie debería perderse sobre el humor en el cine mexicano, curada por el extraordinario monero don Rafael Barajas, “El Fisgón”, a quien tuve el honor y privilegio de conocer en la presentación del festival; que lleva por nombre un título que sin duda nos describe en mucho de nuestra identidad: ¿Actuamos Como Caballeros o Como lo que Somos?

Sin que paren ahí las festividades, porque también la cultura saltillense es gastronomía. ¿No dice aquel viejo refrán localista que “en Saltillo, el que no es poeta, de membrillo hace cajeta”? Doña Elisa María Siller García, hasta el pasado lunes directora de Turismo y hoy flamante directora de Desarrollo Económico de la ciudad, convocó a un concurso de preservación del patrimonio gastronómico y arte culinario, Saltillo, Tradición que Sabe, con la intención de rescatar y preservar las tradiciones gastronómicas de la ciudad a través de la elaboración de platillos y recetas que incluyan ingredientes regionales, técnicas y procedimientos de uso común y que exalten los elementos de la tradición culinaria saltillense como símbolo de identidad. Convocatoria que tuvo extraordinaria respuesta y que contó con 25 finalistas en las categorías Profesional y Amateur.

Cerrando el que esto escribe la narrativa de las celebraciones del onomástico de Saltillo algo que vine a revivir después de más de 25 años de no hacerlo. La también Dirección de Desarrollo Social, encabezada para variar por otra dama, doña Deyanira Samperio Flores, –¿se han fijado que he mencionado solamente mujeres directoras? Pareciera que nuestro alcalde ha hecho vida en términos de Administración aquella frase de que “si quieres que algo se haga, pídeselo a una mujer” –, organizó la Carrera de Aniversario Saltillo 440, 5 y 10K; y como desde hace meses he procurado ahora sí empezar a cuidar mi desgastado cuerpo y a reorganizar mi vida en términos de salud , tuve a bien inscribirme en la distancia de 5 kilómetros para volver a esa hermosa actividad que llamo “la demencia de correr”. Y cada paso que di lo disfruté como cuando niño y adolescente, recordando jornadas interminables de entrenamiento justo en aquella época de mi vida. Carrera la segunda por el aniversario de nuestra fundación, que espero se convierta en una bonita más de nuestras tradiciones saltillenses; y que, como dije, en lo particular me marcó por ser esta mi regreso a la competencia.

Saltillo es, pues, todo lo anterior, cultura física, cultura culinaria, cultura literaria, bellas artes, humorismo y migración por antonomasia. Yo mismo soy producto de una familia migratoria como lo es un padre fronterense y una madre chilanga con raíces neorrositenses y zaragocenses; y sin duda así lo son muchos de los que nos rodean que amamos y que nos aman; que vinieron de un allá a un aquí; a quienes el “vine a” importa más que el “vine de”. Que lo tienen muy claro porque aquí están, haciendo grande a nuestra ciudad, haciendo grande a nuestro pueblo; pero, sobre todo, haciéndonos grandes a nosotros como personas. ¡Feliz 440, Saltillo!

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