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Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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17 Marzo 2019 04:06:00
Saltillo, ¿la mejor ciudad ‘del mundo mundial’?
Si usted se detiene un momento a observar la publicidad oficial que genera el Ayuntamiento de Saltillo, particularmente durante los primeros tres meses del año en curso, llegará un punto en que se pregunte: ¿estamos hablando del mismo Saltillo, o acaso las pautas para medios de comunicación se traspapelaron y describen por error a Londres y Nueva York?

Por decirlo de alguna manera: hay disonancia cognitiva entre imagen institucional y realidad. No coinciden, pues.

Así, a juzgar por la información que produce la Presidencia Municipal, la capital de Coahuila es el referente de todo México; la mejor del país.

Cito algunos ejemplos en lo que va de 2019:

“Recolección de basura en Saltillo seguirá como el mejor del país” (enero 4).

“Continúa Saltillo en el top 3 de seguridad” (enero 16).

“Gobierno de Saltillo, el tercero más eficiente de México” (enero 20).

“Modelo de seguridad de Saltillo es referente nacional” (febrero 23).

“Saltillo es una potencia nacional en el deporte” (marzo 2).

“Saltillo, entre los 3 mejores para la programación de su presupuesto” (marzo 6).

Pero también, conforme avanza el calendario, se va ubicando en una trayectoria donde ya es potencia y modelo para el mundo.

Aquí algunas muestras para dimensionar:

“De nuevo Saltillo en la palestra internacional” (enero 14).

“Es Saltillo modelo internacional en limpieza” (marzo 2).

“Saltillo, una potencia para el mundo” (marzo 9).

“Saltillenses radicados en los Estados Unidos manifiestan su orgullo al ver que su tierra se consolida a nivel internacional” (marzo 10).

“Luminarias de primer mundo en todas sus colonias” (marzo 13).

El asunto de fondo es que si aplicamos una superficial –ni siquiera profunda– verificación de datos, estos no se sostienen.

Una cosa es el orgullo, la identidad, incluso el afecto por una ciudad; y otra muy distinta la autocomplacencia, el autoengaño y la demagogia.

El saltillense suele tener una imagen de sí mismo que no corresponde con la realidad. Pero es libre de pensar y creer lo que quiera. Un Gobierno, en cambio, está obligado a centrarse y aterrizarse por una simple razón: partir de un diagnóstico erróneo, o falso, no permite ejecutar políticas públicas efectivas. Ni siquiera es posible iniciarlas, mucho menos remediar problemas o fenómenos sociales.

Dicho de otra forma: el ciudadano puede ser subjetivo; la autoridad debe ser objetiva.

En su defensa podrán argumentar que se trata de mensajes motivacionales; un aliento a ser mejores y destacar allende las fronteras. Aunque se parezca mucho a la sociedad distópica de Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley.

Sin embargo la historia es cíclica y los pueblos que no tienen memoria están condenados a repetirla. Si bien es cierto que Manolo Jiménez no es el único alcalde contemporáneo que ha puesto en práctica esa “estrategia”, sí es quien más rápido ha desplegado un plan electoral, sistemático, de mensajes en serie. Camina independiente a la realidad. Y si los hechos no coinciden con la publicidad oficial –parafraseando a Hegel– peor para los hechos. A su lado Humberto Moreira luce como un estadista mesurado.

Cortita y al pie

Si tomamos como base su discurso público, el primer año de Administración, Manolo Jiménez hizo de Saltillo la mejor ciudad para vivir en México. En el primer trimestre de su segundo periodo de gestión, en cambio, va en camino de convertir a Saltillo en la ciudad más habitable del orbe.

Ojalá existan galaxias suficientes para compararnos el tercer y cuarto año.

La última y nos vamos

Al megalómano se le hace chico el mar para echarse un buche de agua. De acuerdo. Pero nosotros no tenemos la culpa.
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