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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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05 Agosto 2018 04:00:00
Salvar a Cuatro Ciénegas
“Cuatro Ciénegas. Urge que las autoridades de nuestro país den pronta atención a diversas especies de animales ‘ancestrales’ que existen en este lugar, para lograr conservarlos y realizar importantes estudios que traigan como consecuencia el descubrimiento de información biológica de trascendencia mundial. Para ello se hace necesario que se establezca una estación biológica…”.

El texto anterior corresponde a un amplio reportaje escrito por el profesor José María Suárez Sánchez que publicamos en el diario El Tiempo de Monclova el 22 de abril de 1969. ¡Hace 49 años! El trabajo periodístico de Suárez Sánchez apareció ilustrado con fotografías de una tortuga bisagra (terrapene coahuilensis) y las de otras especies.

Hoy, casi medio siglo después, pero todavía a tiempo, el gobierno del ingeniero Miguel Ángel Riquelme da los primeros pasos para la instalación de la estación dedicada al estudio de la flora y la fauna del maravilloso valle de Cuatro Ciénegas y sus pozas de aguas azules, donde por las condiciones geográficas diferentes especies de la flora y de la fauna “detuvieron” –por decirlo así– su evolución, convirtiéndose en fósiles vivientes.

Nuestro interés periodístico por el valle de Cuatro Ciénegas ocurrió de manera fortuita. Durante una visita a esa ciudad nos llamó la atención la presencia en el Hotel Ibarra, el único en ese entonces, de un grupo de jóvenes norteamericanos. Eran estudiantes de vacaciones que aprovechaban sus días de descanso para colaborar con su profesor, el doctor Wendell Lee Minckley.

De él escuchamos algo sobre las maravillas que escondía el valle. Relató que cada año organizaba estas expediciones con estudiantes a fin de recolectar especímenes que pudieran ayudar a desentrañar los misterios que guardaba el lugar. Para entonces, el doctor Minckley había identificado una mojarra única en el mundo, la cual lleva su nombre.

En ese tiempo Cuatro Ciénegas era un sitio que circulaba casi únicamente en círculos científicos. “La Puerta del Desierto”, como la llaman sus habitantes, se significaba a nivel local por ser el lugar de nacimiento de don Venustiano Carranza. Las pozas conservaban su belleza natural y no existían amenazas sobre el ecosistema. Preocupaba, sí, que solamente extranjeros se dedicaran a estudiarlo.

Por aquellos años se habló de la posibilidad de que la Universidad Nacional Autónoma de México instalara un laboratorio y el entonces gobernador del estado, don Eulalio Gutiérrez Treviño, hizo algunas gestiones en ese sentido que no fructificaron.

El boom ocurrió después del espléndido reportaje aparecido en la National Geographic Magazine. Entonces fueron los ojos del mundo, ya no sólo de los científicos quienes se fijaron en el lugar. Y empezó el alud de visitantes. La amenaza a la vida del espléndido valle surgió cuando productores de leche laguneros descubrieron a pocos kilómetros de las pozas mantos freáticos explotables para producir alfalfa. Aunque estos tomaron conciencia del daño que estaban causando y dejaron de extraer agua, otros no lo han hecho.

La Estación Biológica proyectada por el Gobierno estatal deberá ser celosa vigilante para que se conserve este santuario donde sobrevive un capítulo de la vida en la Tierra, que podría perderse para siempre si continúa la explotación de los mantos acuíferos que lo alimentan.

Letras sueltas

El 20 de noviembre de 2001, soportando un frío intensísimo, los familiares del doctor Minckley esparcieron las cenizas del eminente biólogo en el valle que tanto amó y estudió.
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