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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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30 Julio 2016 04:03:37
¿San Miguel?
Este no es un texto para abordar un tema religioso. Y tampoco de algún santo. Así lo titulé, porque una imagen de hace unos días me puso de un tristísimo talante. Una mujer que buscaba a su hija desaparecida, una maestra de 29 años, logró llegar hasta el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien acudió a un evento en Hidalgo. Ya frente a él, primero le suplicó que le ayudara a buscarla. Luego se hincó frente a él para rogárselo, literalmente. Una mujer de rodillas, deshecha en llanto. A ver si así, después del desprecio de la autoridad a su tragedia, con la prensa presente, finalmente su súplica era escuchada. Y funcionó. Para la noche del miércoles, la joven ya había sido encontrada, sana y salva, y hoy está de nuevo en casa.

Pese a la alegría que nos dio saber que este caso se resolvió, es inevitable quedarse con un amargo sabor de boca. Ejercicio aterrador imaginar lo que deben sentir esos miles de padres que buscan a sus hijos, los hijos que buscan a sus padres, los hermanos que buscan a su misma sangre. Miles de mexicanos no duermen preguntándose dónde estará aquel ser amado. Es casi imposible imaginar lo que esas personas atraviesan. Peor cuando la única ventanilla
capaz y responsable de escucharlos está cerrada. Y más reprobable que sólo se abra ante súplicas humillantes. ¿Tendrán que arrodillarse los familiares de los 27 mil 700 desaparecidos que reporta al día de hoy la CNDH? 

Es ofensivo que quienes ocupan algún cargo dentro de la función pública no entiendan que trabajan para servirnos. ¿Por qué los padres de los miles de desaparecidos tienen que implorar ser escuchados? Osorio Chong no hizo un milagro al encontrar a la joven, hizo su trabajo. Pero lo hizo hasta que la nota fue nota, hasta que esa madre desesperada se puso delante de él, de rodillas, porque el dolor no sabe de dignidades.

¿Cuántas personas estarían dispuestas a arrodillarse si eso les asegurara que su ser querido regresará a casa? Todas, sin duda. Y justo eso es lo que más indigna. No tendríamos que llegar a esos extremos si los funcionarios entendieran bien cuál es su papel, su responsabilidad, su misión. Los miles de desaparecidos tienen padres, madres, hermanos, abuelos e hijos que hoy los buscan porque no han logrado encontrar el apoyo suficiente en las autoridades e
instituciones responsables de encontrarlos.

¿Creería el secretario que después de este episodio lo colmaríamos de aplausos? No es un santo, no hizo ningún milagro: hizo el trabajo que le corresponde a su dependencia. Y sólo se resolvió uno de esos miles de casos en los registros. Vaya usted a saber cuál es la cifra real de desaparecidos, cuántos casos ni siquiera han sido reportados. Porque ya estamos tan acostumbrados a que no hacen nada (o hacen demasiado poco), que cuando resuelven algo casi
nos desbordamos de alegría. Insisto. La imagen fue terrible: nadie tendría que suplicarle al Estado que cumpla con su función: brindarnos seguridad.

Y aunque dije que este no sería un texto religioso, no puedo evitar traer aquí el significado del acto de arrodillarse. Ni los judíos ni los musulmanes se arrodillan ante nada ni nadie que no sea su objeto de veneración. Los musulmanes sólo “se postran” hacia La Meca. Los budistas rara vez se ponen de rodillas, es sólo su postura para meditar. Arrodillarse como un acto de desesperación es cosa de los católicos: Jesucristo en Los Olivos, previo a su muerte, rogó a
su Padre que apartara de él el cáliz de la angustia y el sufrimiento, para que se hiciera Su voluntad y no la de Jesús de carne y hueso. Pero en el mundo terrenal la voluntad expresada en la ley es la única que tiene que hacerse. Nadie tendría que hincarse para que se cumpla. Y el “perdónalos porque no saben lo que hacen” no puede aplicar cuando en esta tierra hay tantos mexicanos que siguen desaparecidos...

ADDENDUM. San Miguel, en la tradición católica, es el arcángel guerrero que defiende a los hombres en la batalla. El “príncipe de la milicia celestial”. Quizá Miguel Ángel deba arrodillarse ante él para que lo ayude a encontrar a esos otros, casi 28 mil...
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