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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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22 Septiembre 2016 04:00:30
Sandino, esa luz
Que si hay consenso en la comunidad, el Gobierno de Ortega resista el ramalazo destructor que ya derrumbó los de Guatemala, Brasil y Argentina, y que a estas horas se enfila contra los de Venezuela, Bolivia y algunos más que hasta ahora mantienen ciertos indicios de independencia frente a la dictadura del neoliberalismo invasor. Los gobernantes de esos países tomen ejemplo de uno que ha consentido (provocado) la humillación de nosotros por parte de Trump. Que los pueblos del centro y del sur no lleguen a avergonzarse de su gobernante. Que quienes fueron jóvenes en Monimbó, Masaya, Nicaragua, conserven lo que nosotros hemos perdido: el temple, el patriotismo y el pundonor que a su hora ayudaron a desmoronar la dictadura de los Somoza. Los jóvenes:

“Aquí pelearon entre 2 y 3 mil muchachos. Monimbó siempre estuvo a la vanguardia”. A. Dávila.

“Los muchachos no eran guerrilleros. Los fueron haciendo guerrilleros”. J.M. Pacheco, sacerdote.

“Dicen que viene la contrarrevolución. Si viene,  aquí están los muchachos para esperarla, dispuestos a entregar el último cacaste para no dejar morir a Nicaragua”. G. Sánchez.

“La guardia venía y siete, ocho muchachos le tiraban las bombas; se metían a sus casas, llegaba la guardia y los muchachos ya en sus camas, haciéndose los dormidos”. R. Soto.

“Como Somoza es un asesino que mandó traer armas contra el pueblo, dijimos: no sólo sus armas van a estallar; también las bombas de Monimbó. Al principio las hicimos de mecate; después ya eran de masquinteip”. R. Serrano.

“Me llamó la guardia para dialogar con el comandante. Yo no fui. Les dije que ya no era tiempo”. A. García.

De la carta que envió a Somoza un Alfonso Dávila B., juez y abogado: “General, he leído que ofrece ayuda a Monimbó. Su ayuda es tardía. Ya Monimbó no espera nada de usted. Sepa que Monimbó tiene que escribir muchas páginas en contra suya”.

J.S.P., sastre: “Yo no podía tocar el tambor en lo oscuro porque decía la guardia que yo levantaba al pueblo. Entonces tuve que avisar casa por casa, para lo de las bombas”. A. García G., Alcalde de Vara.

L.H.: “A los bombardeos, las mujeres sacaban sus espejos y los ponían al sol para que los pilotos no vieran nada y se deslumbraran”.

“Ya todo el mundo decía que Monimbó estaba en cenizas, pero eso era mentira. Monimbó estaba vivo, estaba de corazón vivo”. A. Ruiz, vendedor.

Mandé fuera a mis hijos. Les dije: hijos, cúbranse ustedes, déjenme a mí. Yo soy nada más un espíritu que anda por las calles”. O.A.

“Una noche aparece ese chavalo. Ya no vamos a comer, le digo. Estoy acostumbrado a no comer, me dice. Te van a matar, le digo. Tiene ocho hijos mi mamá, me dice. Le quedarán siete. Y entonces voy y le digo a mi marido: Somoza tiene perdida la guerra”. Lourdes O. de B.

“Cuando supe del triunfo le daba gracias a Dios de que todos mis hijos estaban vivos”. F. E., panadero. “Al final me puse a llorar de impresión y de alegría porque no parecía que ya hubieran triunfado los muchachos”. Ofelia Ortiz, hogar.

“Todos nos abrazamos de alegría”. G. Sánchez, comerciante.

“Es medianoche en las montañas de las Segovias. – ¡Y aquella luz es Sandino!– Una luz  con un canto: ‘Si Adelita se fuera con otro’”.

La Adelita: tal fue el canto de guerra del  “ejército loco” que venció al gringo. Nicaragua. Barrio de Monimbó. Sandino. Siempre Sandino.  (Siempre).
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