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Dan T
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09 Agosto 2018 04:07:00
Santa Elba Esther
Mi estómago anda como Elba Esther Gordillo: liberado. No me había sentido tan suelto desde que me divorcié la primera vez. Primero pensé que tal vez, sólo tal vez, me podrían haber caído de peso los ocho tacos de suadero, los cuatro de pastor y los dos volcanes de anoche. Pero no, en realidad lo que me tiene así es algo externo: mi estómago está deshecho de los purititos nervios que me provoca el nuevo gobierno. Cada día, me despierto, reviso el periódico (este mismo que está leyendo), veo las ocurrencias de Andrés Manuel López Obrador y de sus colaboradores y me pregunto: “¿estaré a la altura de tan excelso gobierno?”.

Si tuviera a AMLO frente a mí, le preguntaría: “Señor, ¿seré digno de ser tu siervo?”. Me preocupa darme cuenta que algo en mí está fallando, que soy un mal mexicano que no se entusiasma con la cuarta transformación de la República. Seguramente soy un traidor a la patria por no entender que es importante perdonar a los narcos, a los asesinos y a los secuestradores para sacrificar, perdón, para pacificar al país. ¿No será que mi mamá no tomó ácido fólico cuando estaba embarazada y por eso no me entusiasma ver a Manuel Bartlett en la Comisión Federal de Electricidad?

Seguramente, cuando era yo un bebé, mi papá me estaba cargando, me resbalé y caí de cabeza en el pavimento, sí, seguro que eso pasó conmigo y por eso ahora no me creo que con Esteban Moctezuma en la SEP nos vamos a convertir en una potencia educativa, los niños mexicanos se van a convertir en genios, los maestros dejarán de estar en la grilla y se pondrán a dar clases; y el SNTE y la CNTE se convertirán en el motor del cambio nacional.

Hoy, por ejemplo, me siento como un verdadero idiota tratando de entender por qué un gobierno metió a la cárcel a Elba Esther Gordillo y por qué el Gobierno que viene se unió a ella. ¿Pues qué no se supone que la maestra representa lo peorcito del viejo sindicalismo oficialista? ¿La pus de la caca? ¿La costra de la bacinica? ¿Lo verde del gargajo? Hasta donde yo me quedé, la profesora Gordillo se había enriquecido más que un gobernador corrupto (es pleonasmo), a costa de los sufridos maestros mexicanos. Mientras ellos se chingaban dos turnos en escuelas públicas para tener un ingreso más o menos digno, ella se chingaba cientos de millones de pesos, que le permitieron construir mansiones, comprar ropa en las tiendas más caras del mundo y hacerse de una colección de arte que ya la quisiera cualquier museo en el país.

¿Y qué pasó? Que de pronto la reclusa Gordillo se convirtió en doña Elba Esther y pasó a formar parte del equipo de López Obrador, a través de sus tres principales operadores: su nieto, su yerno y el exdirigente del sindicato, Rafael Ochoa. Ellos fueron los responsables de que el magisterio se volcara (palabrita mamona, cómo me encantan) a votar por AMLO, en lugar de apoyar a José Antonio Meade, quien era el candidato de Nueva Alianza, el partido del SNTE.

Y después de eso el tabasqueño ganó las elecciones, se hizo amiguis de Enrique Peña Nieto y ayer, justo ayer que recibió la constancia que lo declara presidente electo, casualmente, Elba Esther Gordillo queda libre de toda culpa. ¡Libre! A ver si no resulta ahora que tenemos que hacerle una misa de desagravio a la profesora.

Para como van las cosas, seguramente será designada fiscal anticorrupción, arzobispa de la Ciudad de México o, ya de perdida, santa patrona de la república amorosa.

Así, mientras Elba Esther canta “¡libre soooy!, ¡libre soooy!”, el resto de los mexicanos nos quedamos Frozen.
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