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Guillermo Fárber
Guillermo Fárber
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Guillermo Fárber (25 de septiembre de 1948, D.F.) estudió ciencias y técnicas de la información y una maestría en administración; se ha desempeñado como reportero, redactor, guionista en Televisión Independiente de México, comentarista político en Radio 13, radio Fórmula, Radio ABC, conductor de ¡Cámara con los grillos!, primer programa de periodismo puramente palamentario en la historia de la radio mexicana, editor del portal mexico.com, columnista político en publicaciones como Vértigo, Excélsior, Noroeste de Mazatlán y Culiacán, Sinaloa, Por esto!, de Yucatán, comentarista de televisión en Canal 40, coordinador de Información en el Instituto de Desarrollo de Recursos Humanos del gobierno del Estado de México, y en un sinfín de puestos relacionados con la comunicación y la mercadotecnia. Entre sus publicaciones se encuentran, Elogio d ela locura de un ave desairada, Costa-Amic, 1976; El mexicano diseñado por el enemigo, V Siglos, 1976; A imagen y semejanza (novela política), siglo XXI, 1992; Política de competencia en México: desregulación económica 1989-1993, FCE, 1993; Adiccionario del chacoteo, Sansores y Aljure, 1997; Fobaproa: bomba de tiempo (coordinador y coautor), Times, 1998; La nueva crisis de México (en colaboración), Aguilar, 2002; ¡Déjate de pendejadas!, Excélsior, 2003.

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19 Julio 2018 04:00:00
Sarah Bernhardt
Otra mujer excepcional, de las muchas que consigna la historia (y que a veces la memoria olvida): Henriette Rosine Bernard; París, 1844-1923. Actriz de teatro francesa, considerada a menudo la mejor de todos los tiempos (le decían La Divina Sarah “la primera súper estrella de la historia”) nunca supo quién era su padre biológico (se cree que fue el Duque de Morny, medio hermano de Napoleón III).

El escritor Mark Twain dijo de ella: “Hay cinco clases de actrices: actrices malas, actrices regulares, actrices buenas, grandes actrices y… Sarah Bernhardt”.

UNA NIÑEZ DIFÍCIL

Su mamá se ganaba la vida como “cortesana” (profesión en que quiso meter a Sarah cuando cumplió 15 años). Nació de una familia judía de origen holandés, aunque fue bautizada y educada en la religión católica. Atea en su adultez, pensó hacerse monja en su adolescencia. Tuvo un solo hijo, Maurice, de un príncipe belga que la abandonó al saberla embarazada. Tuvo docenas de diamantes y de amantes (uno de ellos fue Oscar Wilde, que le escribió la obra de teatro Salomé).

Montó su propia compañía en 1880 (fue también la primera actriz empresaria del mundo del espectáculo), con la que hizo la primera de sus muchas giras por Estados Unidos en 1881 y ganó cientos de miles de francos (antes de eso se dedicó durante algunos años a la cortesanía de lujo para equilibrar sus ingresos).

Fue durante este viaje cuando se casó con el actor de origen griego Jacques Damala, griego, apuesto, rico y morfinómano (ella era abiertamente bisexual, y fue célebre su relación de 48 años con la fotógrafa Louise Abbéma, machorra famosa).

ACTRIZ FAMOSA

Recorrió toda América del Sur (Brasil, Perú, Argentina, Cuba, Chile). En Estados Unidos su éxito era tal que le habilitaron un tren con siete vagones de lujo llamado Sarah Bernhardt Special, que era de uso exclusivo de la actriz. Sus giras le llevaron a Australia y visitó las islas Hawái y las islas Sandwich. Actuó en Egipto y en Turquía. Recorrió Europa (Moscú, Berlín, Bucarest, Roma, Madrid, Londres, Lisboa, Atenas, Berna).

Se declaró en bancarrota en 1883, pero se recuperó después espectacularmente. Una de las actrices de la compañía con la que había viajado a América escribió Les voyages de Sarah Bernhardt en América y una segunda parte, Mémoires de Sarah Barnum, en las que criticaba a la Bernhardt, que había llegado a darle un latigazo en la cara y a batirse en duelo a florete con ella.

La carrera de Sarah Bernhardt fue larga y dilatada. Interpretó papeles muy alejados de sí misma, tanto en sexo como en edad; así, por ejemplo, en La Gloire, de Rostand, o en Athalie, de Racine. Una de sus creaciones más famosas fue en L’Aiglon, de Rostand, sobre el único hijo de Napoleón, muerto a los 21 años, que Sarah Bernhardt representó cuando tenía 56.

“Sarah tenía una energía desmedida, una personalidad dominante e impaciente, un coraje y un ego enorme. Uno sentía que llenaba el teatro, con su mera presencia. Su vida personal fue un drama interminable”.

UNA VEJEZ ARDUA

Aun en sus últimos años, su voz mantuvo el timbre cristalino y puro que llevó a Marcel Proust, después de verla representar Phèdre, a inmortalizarla como la gran actriz trágica La Berma en la novela A la Recherche du Temps Perdu (En Busca del Tiempo Perdido).

En 1913 filmó la película muda Jeanne Doré, que se conserva como una joya histórica. A causa de una herida infantil, tuvieron que amputarle la pierna derecha a los 71 años en 1914 (mismo año en que le concedieron la Legión de Honor). Las malas lenguas cuentan que uno de los médicos le vendió la pierna al empresario circense T. P. Barnum por 6 mil dólares. El despojo fue exhibido en varios espectáculos, y luego guardado en el Museo Barnum de Nueva York; hasta que en 2008 fue devuelto al mismo hospital británico donde se realizó la amputación.

(Mañana termino este apretado recuento, que armé con gran paciencia a partir de una variedad de fuentes.)
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