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Guillermo Fárber
Guillermo Fárber
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Guillermo Fárber (25 de septiembre de 1948, D.F.) estudió ciencias y técnicas de la información y una maestría en administración; se ha desempeñado como reportero, redactor, guionista en Televisión Independiente de México, comentarista político en Radio 13, radio Fórmula, Radio ABC, conductor de ¡Cámara con los grillos!, primer programa de periodismo puramente palamentario en la historia de la radio mexicana, editor del portal mexico.com, columnista político en publicaciones como Vértigo, Excélsior, Noroeste de Mazatlán y Culiacán, Sinaloa, Por esto!, de Yucatán, comentarista de televisión en Canal 40, coordinador de Información en el Instituto de Desarrollo de Recursos Humanos del gobierno del Estado de México, y en un sinfín de puestos relacionados con la comunicación y la mercadotecnia. Entre sus publicaciones se encuentran, Elogio d ela locura de un ave desairada, Costa-Amic, 1976; El mexicano diseñado por el enemigo, V Siglos, 1976; A imagen y semejanza (novela política), siglo XXI, 1992; Política de competencia en México: desregulación económica 1989-1993, FCE, 1993; Adiccionario del chacoteo, Sansores y Aljure, 1997; Fobaproa: bomba de tiempo (coordinador y coautor), Times, 1998; La nueva crisis de México (en colaboración), Aguilar, 2002; ¡Déjate de pendejadas!, Excélsior, 2003.

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07 Septiembre 2018 04:03:00
Sarcasmos
EL ORO Y LOS INTERESES

Me aclara Demagog: “Aristóteles, siendo humano, no fue infalible. Afirmó, por ejemplo, que las leonas solamente podían dar a luz a un solo león, porque el primer león, con sus garras, destruía las entrañas reproductivas de la leona. El sapientísimo Aristóteles no se dio cuenta de que lo que decía de la leona implicaba ¡la extinción de la especie! El caso muy famoso de su denuncia del fenómeno de interés es otra falacia –y algo arraigada y perniciosa. La falacia nace de que Aristóteles pone como ejemplo que toda la deuda en oro que lleva carga de intereses se vence en un mismo instante. Así, sería imposible el pago de intereses. Pero la falacia consiste en que jamás puede darse el caso en que toda la deuda en oro del mundo entero tenga un vencimiento simultáneo en un mismo instante. Así que el ejemplo es totalmente inválido. En la realidad, las deudas en oro se están venciendo continuamente en el tiempo, e inmediatamente vuelven a nacer otras deudas. El oro circula. A veces se está usando para pagar capital e intereses, pero al mismo instante se puede usar el oro pagado para efectuar nuevos préstamos. Aristóteles ignoró el fenómeno de la circulación. Creo que debes presentar la verdad y no la falacia aristotélica”.
 
REYES SANTOS Y MATONES

Pertinente aclaración la de Demagog. A mí me llamó la atención no tanto la parte teórica, sino el aspecto histórico: la confiscación y expulsión de los prestamistas por el rey Eduardo el Piadoso de Inglaterra (también apodado El Confesor, 1003-1066). Un caso, el mío, de revancha primitiva, supongo.  Wikipedia: “Fue uno de los últimos reyes anglosajones de Inglaterra. Es considerado como el último rey de la casa de Wessex. Después de él siguió la estirpe normanda, iniciada por Guillermo el Conquistador.  Eduardo era un matón, pero fue canonizado en 1161. Pasó 25 años en el exilio. Su hermano Alfredo fue capturado por Godwin, conde de Wessex, quien lo entregó a Haroldo Harefoot. Haroldo cegó a Alfredo aplicando un atizador al rojo vivo contra sus ojos con la intención de hacerlo inadecuado para reinar, poco después murió como consecuencia de las heridas (se llevaban pesado estos santitos: Eduardo combatió a su propia madre, ‘la formidable Emma’, por la posesión del tesoro real, mató a centenares de enemigos, exilió a su mejor amigo, etc). Se cree que este asesinato es la fuente del odio que Eduardo manifestó posteriormente hacia el conde”. Me queda claro que todas las cortes del poder eran (y siguen siendo, supongo) un nido de víboras, donde se apuestan libertades, afectos, carreras, haciendas, grupos, vidas.
 
IMPERIOS

Dmitry Orlov: “Todos los imperios siguen una cierta trayectoria. Con el tiempo se vuelven corruptos, decadentes y debilitados, y luego colapsan. Cuando se colapsan, hay dos maneras de hacerlo. Una es atravesar una era oscura milenaria, como lo hizo Europa Occidental después del colapso del Imperio romano de Occidente. Otra es que un imperio diferente, o un conjunto cooperativo de imperios, se hagan cargo, como sucedió después del colapso del Imperio otomano. Puede pensar que existe una tercera vía: que las naciones pequeñas cooperen dulcemente y colaboren con éxito en proyectos internacionales de infraestructura que sirvan al bien común. Tal esquema puede ser posible, pero tiendo a tener una visión escéptica de nuestra naturaleza simiesca… El dólar de EU se desvanecerá, el comercio internacional se detendrá y descenderá una edad oscura, lo que obligará a todos a trabajar en la tierra durante un milenio mientras están sumidos en conflictos fútiles e interminables con las tribus vecinas… Como resultado, todos estarán empujando en la misma dirección: hacia un colapso imperial lento, estable y controlable. Todo lo que podemos esperar es que el resto del mundo logre unirse y construir al menos el andamiaje de un reemplazo imperial funcional a tiempo para evitar colapsar en una nueva era oscura postimperial”.
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