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Guillermo Fárber
Guillermo Fárber
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Guillermo Fárber (25 de septiembre de 1948, D.F.) estudió ciencias y técnicas de la información y una maestría en administración; se ha desempeñado como reportero, redactor, guionista en Televisión Independiente de México, comentarista político en Radio 13, radio Fórmula, Radio ABC, conductor de ¡Cámara con los grillos!, primer programa de periodismo puramente palamentario en la historia de la radio mexicana, editor del portal mexico.com, columnista político en publicaciones como Vértigo, Excélsior, Noroeste de Mazatlán y Culiacán, Sinaloa, Por esto!, de Yucatán, comentarista de televisión en Canal 40, coordinador de Información en el Instituto de Desarrollo de Recursos Humanos del gobierno del Estado de México, y en un sinfín de puestos relacionados con la comunicación y la mercadotecnia. Entre sus publicaciones se encuentran, Elogio d ela locura de un ave desairada, Costa-Amic, 1976; El mexicano diseñado por el enemigo, V Siglos, 1976; A imagen y semejanza (novela política), siglo XXI, 1992; Política de competencia en México: desregulación económica 1989-1993, FCE, 1993; Adiccionario del chacoteo, Sansores y Aljure, 1997; Fobaproa: bomba de tiempo (coordinador y coautor), Times, 1998; La nueva crisis de México (en colaboración), Aguilar, 2002; ¡Déjate de pendejadas!, Excélsior, 2003.

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05 Octubre 2018 04:00:00
Sarcasmos
NAFTA

Se festeja que el acuerdo comercial “se preservó”. Mmmmm, no es exacto. Sí en las formas, no en la esencia. Lo explica Dick Morris: https://www.youtube.com/watch?v=rBvasEgeIlI En resumen, dice Morris (72 años, asesoró la campaña de Fox después de pelearse a gritos con los Clinton en la Casa Blanca) que Trump excluyó a China del “nuevo” TLC.

México y Canadá, añade, no servían más que como trampolines de China para introducir subrepticiamente sus productos a EU sin pagar aranceles (con sus respectivos moches, supongo).

Esto es lo que NO te dicen los propagandistas de la prensa dizque “especializada”, a sueldo de la Secretaría de Economía. El TLC NO fue ratificado, fue drásticamente redefinido. El viejo acuerdo se fue a la basura, el nuevo es otro.

ZEDILLO Y LA DROGA

Confesó en público, ahora que la ONU decide que la centenaria y gringa war on drugs es un gigantesco error: “YO SEGUÍ UNA POLÍTICA EQUIVOCADA. Quizás debemos darles el beneficio de la duda, a quienes hemos seguido la política equivocada durante tantos años. Y nótese que digo ‘hemos’ seguido, porque yo tuve la
responsabilidad.

Nos dimos cuenta de que esas políticas, no solamente en un país como el que yo conocía –mi patria, México–, sino en todos los demás, cuya experiencia revisamos, se habían creado peores problemas de salud pública y terribles violaciones a los derechos fundamentales de las personas.

La prohibición es una política que ha destruido vidas humanas, es una política que ha afectado la salud de la población, es una política que ha fomentado el crimen organizado, es una política que ha debilitado y corrompido a nuestras instituciones.

Sabemos que eso dará lugar a un mercado negro que será provisto, que será administrado por personas que están dispuestas a llevarlo al éxito y a incurrir en la violencia, a incurrir en la violación de los derechos de otras personas, a desafiar al Estado, a cometer los crímenes más atroces para proveerse de las ganancias.”

Zedillo es un hombre decente y una mente clara, aunque se le ve en las fotos muuuuuuy enevejecido (yo lo traté de cerca muchas veces durante sus años previos a ser presidente).

Pero durante su sexenio (1994-2000) estuvo totalmente manipulado por los perversos foráneos y domésticos. Su vanidad intelectual y sus complejos personales lo permitieron.

Su caso es el del clásico niño de kínder al que se le sentó al mando del volante de un Caterpillar-mototraílla de 72 toneladas y se le dio carta libre para arrasar cuanto se le pusiera por delante, aplaudido siempre, con la promesa de darle una paleta al final de su mandato (la paleta se la dieron).

La puerta que abrió con su política absurda de combatir con violencia el narcotráfico (mientras a sus espaldas los verdaderos capos se reían a carcajadas de él y de su resultado indeseado de subir los precios por gramo a punta de balazos y sangre) la siguió Fox (yo discutí el asunto, por la radio, en su momento, con su secretario de Gobernación, Santiago Creel, quien defendió la pertinencia de “combatir” el narco a balazos), la potenció Calderón y la continuó Peña (durante los escasos momentos que le dejaba libre su ocupación principal de hacer negocios).

Cientos de miles de muertos, secuestrados, torturados, desplazados, , viudas, huérfanos: millones de vidas rotas porque Zedillo “se equivocó”.

Un país dividido por el odio y la codicia porque él “se equivocó”. Una trama nacional desgarrada porque él “se equivocó”.

La paz social, que tantas décadas y talento político costó construir, despedazada porque él “se equivocó”.

Los católicos dicen que “hay un Dios”, y los budistas dicen que del karma no se escapa nadie. Como tantos otros gerentes y operadores (dizque “hombres de poder”) Zedillo cedió al canto de las sirenas. Ahora lo toca a su alma, como a todos los “hombres de poder”, pagar esa ciega obediencia.
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