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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila.

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31 Agosto 2017 04:00:00
Se distingue por la fe lagunera
Hay ciudades que tienen la fortuna de tener algún icono que los simbolice o represente. Algunos son naturales y otros hechos por el hombre. En el caso de Torreón cuenta con ambas, pero seguramente uno de lo más representativo conocido como “El Cristo de las Noas”.

De la parte más alta del municipio de Torreón se visualiza una obra realizada por los feligreses laguneros que es la figura del Cristo de las Noas, con una altura arriba de los 20 metros de altura, extendiéndose bajo sus pies lo que es la Perla de La Laguna. No importa que los laguneros sean de Coahuila o Durango, porque son una sola entre divididos solo por el río Nazas, pero que sus costumbres y usos los ha unido para vencer al desierto con trabajo y esfuerzo.

No solo simboliza la fe, sino la firme voluntad de los laguneros y su decisión y convicción de la fe católica.

Es la obra más grande de México en su tipo. La culminación de la obra religiosa fue posible gracias al esfuerzo del sacerdote José Rodríguez Tenorio, cuyo interés en fortalecer la devoción de los laguneros en torno a Cristo, lo llevó a promover además un monumental centro religioso-turístico.

Su propósito en tan majestuosa obra era llegar a lo invisible por medio de lo visible, es decir, la fe de Cristo materializada para todos los laguneros de la Comarca de Coahuila y Durango.

En 1973 se formalizó su proyecto donde un pequeño grupo de laguneros con mucho empeño tardaron tres años para poder darle forma a las 580 toneladas de concreto armado que se emplearon.

Terminado, midió exactamente 20.80 metros; casi uno más que el Cristo del Cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato y 14 menos que el de Río de Janeiro, Brasil.

La inauguración del popularmente conocido como Cristo de las Noas ocurrió el 7 de abril de 1983. Fue una ceremonia emotiva y majestuosa. Concurrieron 36 obispos y decenas de miles de feligreses.

Cristo Redentor mira hacia el norte, con la cabeza levemente inclinada hacia abajo. Tiene los brazos extendidos, como quien va al encuentro de un viejo y querido amigo. "Significa que abraza a todo el pueblo de Torreón".

Su santuario ha servido para la presentación del Viacrucis del Viernes Santo que se celebra en Torreón, reuniendo hasta 80 mil católicos de las zonas conurbadas y otras partes del país como Chihuahua, Durango entre otras, así como de los Estados Unidos, en especial de Texas y Nuevo México, sin faltar fuera de esas fechas turistas japoneses, canadienses, brasileños, Centroamericanos y de otros países

El 21 de noviembre de cada año se conmemora la fiesta de Cristo Rey. La ocasión reúne a mucha gente, aunque no tanta como el Viernes Santo.

Y fue el Viernes Santo de 1983 cuando se enlutó la ceremonia del Cristo de las Noas al despeñarse una camioneta muriendo 12 personas. Desde entonces, se recuerda a las víctimas del accidente como "Los Mártires del Cerro de Las Noas".

La tragedia obligó a construir protecciones en ambos lados del camino que lleva hasta la cima; largos y gruesos muros almenados, que serpentean por más de 300 metros.

Pero la devoción de los creyentes en el Cristo de Las Noas es inquebrantable, y de ello dan testimonio cientos de constancia y ofrendas en la Capilla del Calvario.

Sin restarle importancia a ningún testimonio existe una que siempre llama más la atención que otros como la siguiente constancia: "Temblor en México, 19 de septiembre de 1985. Gracias a la Virgen de Guadalupe y al Cristo de Las Noas por haberme hecho el milagro de volver a ver esta familia que reside en México, que son mi madre, hermana, esposo e hijos. Torreón, Coahuila. Ma. Rodríguez de Martínez".

Lo más significativo de todo el trabajo que en 1973, hace 44 años, emprendió el padre Rodríguez Tenorio, es el hecho de que no es de Torreón, ni siquiera La Laguna. Tampoco de Coahuila. Nació en Trancoso, Zacatecas.

Pero su altar a la fe y la voluntad movió a un grupo de laguneros feligreses dejando una huella para siempre en Torreón y sus visitantes que es solo cuestión de que volteen arriba para que lo contemplen y sepan que no están solos. Hay que tener un poquito de voluntad para dejar que la fe crezca y no dejarse abatir ante situaciones difíciles o momentos de duda. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) http://www.intersip.org
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