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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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17 Abril 2016 03:10:00
Se las vieron a Nicolasa
Dos veces… nomás dos, dice Chibirico que le vio las chiches a Nicolasa.

“Bueno sí, pero me asomé sin maldá”.

Meche blande la cuarta en alto, aspira profundo…

“¿Cómo jijos de la rechingada que tengo un hijo sátiro jijueputa?… ¡¿Cómo?!”

Nicolasa se fue a quejar de que la andaban espiando cuando se fue a bañar al río, y que eran el Chibirico y como seis chamacos.

Pero que Chibirico fue el que se acercó más, que abrió el matorral y que alcanzó a verlo.

Hombre de palabra, mi amigo reconoce su falta, pero alega en su descarga que fueron dos veces, e insiste… “sin maldá”.

“verdagüena que fue sin maldá”.

Algo le dice a Meche que debe escuchar, y levanta la cuarta pero al mismo tiempo le dice a su nejo muchacho…

“¿Cómo es eso de que las viste sin maldad?”

La cosa es que andábamos jugando beis, cuando Chéchere, fiel a su costumbre, bateó de faul rumbo a los matorrales de zacate limón.

Fueron dos a recoger la pelota, pero Neto el Pique regresó corriendo, con los ojos pelones, sofocado…

“¡Chiches… chiches… pinchis chichotas!”

Hagan de cuenta que llegó un convoy de la Cruz Roja con alimento a un campo de refugiados.

¡A correr!…

Por alguna razón, debo reconocer, iba yo corriendo entre los tres primeros lugares, pero recordé que los bates y la pelota eran míos, y que si los perdía me esperaba una tunda… y me regresé.

Nomás a recogerlos, a ponerlos amarrados con la pita de trenza abajo del palo de aguacate, y me regresé… pero cuando iba en camino para ver el espectáculo, el Chibirico ya venía de volada, esquivando las pedradas de Nicolasa… y los otros como pollos delante del tlacuache, corrían a treparse a un árbol… a una rama…

Así fue que la mujer llegó chorreando agua y con la blusa al revés, buscó a Meche y le contó que vio a Chibirico espiándola.

¿Y dónde estaba la ausencia de maldad? Chibirico cerró los ojos, apretó el culamen… subió los hombros para esperar el primer cuartazo. Pero dijo…

“Yo pensé que el Pique decía que eran chiches… o sea, chiches de vaca… porque cuando se salen del corral de don Alaffita, nos da permiso de ordeñarlas y luego las arriamos pa'l corral”.

Meche se quedó pensando… y Chibirico se ganó el indulto con su explicación…

“Es que Neto dijo chiches amá… chiches… ¡No dijo chichis!” ¡Cierto… hay una gran diferencia entre una y otra cosa… hasta Nicolasa lo reconoció.

Pero que la hubieran visto un ratito como de medio minuto con la boca abierta, bueno…

“Ta bien, pero que no güelvan a hacerlo”. ¡Santo remedio!… manejar correctamente el idioma nos salva más de una vez.
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