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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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05 Noviembre 2016 03:00:00
¿Se puede, Ricardo Anaya?
¿Se puede ser dirigente nacional de un partido político en México, decir que te interesan mucho los graves problemas de tu país y que tú representas la opción para cambiarlos pero que tu familia viva en Estados Unidos y tus hijos se eduquen en costosas escuelas privadas del vecino país? ¡De que se puede, se puede! ¿Se puede ganar un sueldo de 48 mil pesos mensuales como dirigente del PAN pero pagar 142 mil 500 pesos en pago de renta de una casa en la ciudad de Atlanta más colegiaturas de tus hijos y otros 50 mil pesos mensuales en boletos de avión para ir a verlos cada fin de semana, más tus propios gastos de manutención en México como renta, comidas, ropa, vestido, transporte, etc.? ¡De que se puede, se puede! ¿Se pueden ganar 300 mil pesos al mes por la renta de locales en Querétaro y 53 millones de pesos por vender una nave industrial de tu propiedad para costear tu doble vida familiar entre México y Estados Unidos? ¡De que se puede se puede! Al menos Ricardo Anaya Cortés sí puede y lo hace milagrosamente.

Lo que no se puede es que tu cara y tu imagen personal aparezcan en 261, 385 “spots” pagados con recursos públicos para asumirte como un político que simboliza la honestidad y la lucha contra la corrupción y que de pronto se descubra que llevas una vida con muchos más lujos y recursos de lo que te dan tus ingresos totales declarados. Eso no puede hacerlo ni siquiera Ricardo Anaya, a quien sus compañeros de partido apodan “el chico maravilla”, por una simple y sencilla razón: es una total incongruencia política.

Porque el dirigente del PAN podrá hacer cuentas extrañas en la televisión, alegar negocios e ingresos no declarados en su 3de3 que le permiten costear una estadía familiar de dos años en los Estados Unidos para que sus hijos “conozcan una cultura distinta y aprendan inglés”, y también podrá jurar y perjurar que todo eso lo costea con sus propios recursos, que no son de origen público, y que “no tiene nada que esconder”. Pero lo que no podrá evitar Ricardo Anaya es que después de que se revelara su costoso estilo de vida, su nivel de gastos y el contraste con sus ingresos formales, es que la ciudadanía, a la que había seducido a fuerza de “spots” con su carisma personal y su imagen de un político “fresco, sencillo y transparente”, pueda volver a verlo de esa manera y a creerle que él es distinto del resto de los políticos mexicanos de todos los partidos, que han hecho de la política y de los cargos públicos una manera de enriquecerse y vivir como ricos.

Porque si bien el joven queretano tuvo una carrera meteórica y ascendió rápidamente en la política nacional, en su trayectoria pública y en su currículum laboral sólo figuran algunos cargos públicos que comenzaron en 2003, a los 24 años de edad, con haber sido secretario particular del gobernador de Querétaro, Francisco Garrido Patrón, de quien fue un alumno político muy cercano; de ahí brincó a una diputación plurinominal en el Congreso de Querétaro en 2006 por el PAN; luego fue dirigente estatal de su partido en 2010; y para 2012 volvió a ser diputado plurinominal, pero ahora federal en la LXII, donde empezó su despegue nacional al ser nombrado por Gustavo Madero coordinador de la bancada panista; después fue secretario General del CEN panista en 2014, luego presidente interino, para finalmente llegar en 2015 a su actual cargo de dirigente nacional del PAN. Es decir, que en tan sólo 13 años de trabajo en esos cargos públicos, Anaya logró no sólo convertirse en una figura política nacional de primer nivel sino también crecer económicamente para tener hoy un estilo de vida que la inmensa mayoría de los mexicanos no lograrían en toda una vida de trabajo.

No cabe duda que Ricardo Anaya es un joven talentoso, trabajador y carismático; pero también privilegiado porque encontró en la política una forma rápida y segura de crecer profesional y económicamente, tanto que hoy sus más cercanos y él mismo se asumen con aspiraciones, pero sobre todo con posibilidades, de ser candidato a la Presidencia de la República en el 2018. Si logra llegar a su objetivo, hasta ahora no negado ni desmentido de ser candidato presidencial del panismo, lo habría logrado tan sólo en 15 años de trayectoria pública y política, toda una hazaña. ¿Se puede? Y ahí entraría el slogan repetido más de un cuarto de millón de veces en la televisión nacional –en “spots” pagados con recursos públicos-- en la voz segura y decidida del joven Anaya: ¡De que se puede, se puede!

Fiscal anticorrupción, un proceso silencioso. Sin hacer demasiado ruido ni promoción, tal vez para no alborotar el avispero, o tal vez para manejarlo discrecionalmente y mediante “acuerdos políticos” secretos –como procesaron el nombramiento “fast track” de Raúl Cervantes como procurador-- en el Senado de la República avanza el proceso de elección de un cargo público de la mayor relevancia: el primer fiscal anticorrupción en la historia del país.

Esa decisión histórica, que se vio frustrada en el 2014 ante “la falta de acuerdos” entre las fracciones parlamentarias, fue retomada este año con la emisión de la convocatoria pública emitida por la Junta de Coordinación Política el pasado 25 de octubre, sin que los medios dieran demasiada cobertura a la noticia. Desde ese día a la fecha se abrió el proceso de “registro de aspirantes” y la recepción de sus solicitudes, cuyo plazo se cierra el próximo miércoles 9 de noviembre.

No se sabe hasta el momento cuántas solicitudes o registros ha recibido el Senado, en parte por la poca difusión que se le ha dado al tema, cuando en el proceso cancelado en 2014 se registraron 14 aspirantes. Pero sí se sabe, por ejemplo, de al menos tres nombres que están entre los registrados: María de los Ángeles Fromow, exfiscal Especial para Delitos Electorales de la PGR y que actualmente ocupa la Secretaría Técnica para la implementación del nuevo Sistema de Justicia Penal; José Fernández de Cevallos, doctor en Derecho, abogado litigante y experto en lavado de dinero. Es sobrino del panista Diego Fernández de Cevallos y participó como aspirante en 2014; y finalmente el académico de la UNAM, Ricardo Peralta Saucedo, actual catedrático de la Facultad de Derecho, experto en corrupción y lavado de dinero, y quien es visto como una apuesta de la universidad nacional para la Fiscalía Anticorrupción.
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