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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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21 Febrero 2017 04:00:00
Se puede vivir sin saber futbol, pero no sin ética
Es momento de voltear hacia la ética. De tomarla en cuenta. En serio. No como ciencia, doctrina u objeto de estudio; ya no más sólo como materia de escuela o adorno de discursos. Es hora de que todas las personas -sin excepción- reflexionen, sean autocríticas y cambien actitudes a partir de realmente entender el papel de la ética en el día a día; su importancia e impacto en la vida de las personas, las familias y las sociedades.

Es un hecho que la humanidad ha avanzado en la conquista y defensa de nuevos valores y derechos, pero también lo es que no ha sido suficiente para asegurar el respeto de la dignidad, lo que debe incluir, entre más, hacer propios la necesidad y el dolor ajeno, sentirlos. La gran mayoría de los humanos saben lo que es bueno y lo que es malo, lo que está bien y lo que está mal. Y, no obstante. continúan cobijando pensamientos y realizando acciones que dañan a los demás. Poner fin a esa situación no es una utopía; no tendría por qué serlo, ya que la conciencia y el entendimiento están en la naturaleza del hombre.

¿Cómo lograrlo? ¿Cómo resolver el odio, los abusos, la indiferencia? La respuesta está en la ética. ¿Y qué es la ética? En palabras de Adela Cortina, a la ética “le ocurre lo que a la estatura, al peso o al color, que no se puede vivir sin ellos”. De acuerdo con esta experta en el tema, la ética es algo que todas las personas poseen: “no hay seres humanos amorales, situados más allá del bien y del mal, sino que somos inexorablemente, constitutivamente morales”.

La ética, “lo recto”, “lo que trata del bien y del fundamento de sus valores” (RAE, 2017), se presenta como una opción, quizá la única, para enfrentar con éxito los grandes retos actuales. Casi todos los países y sus sociedades han logrado, si no combatir, sí contener, hasta cierto punto, el aumento de la pobreza, la desigualdad, la desnutrición, los conflictos armados, las enfermedades, la exclusión educativa y del deterioro del medio ambiente. Sin embargo, evidentemente el ritmo ha sido insuficiente y a la lista de los retos históricos se han ido incorporando otros, muchos derivados de la globalización, las nuevas tecnologías y la conectividad.

El reconocimiento y la adopción de valores, así como la formación de hábitos y costumbres son esenciales para el dominio de la ética, de una acorde con las exigencias mínimas de la consideración y del trato entre los que son iguales, una de las cuales -después de la conciencia y la empatía- es el respeto, el cual es debido a todas las personas, sólo por serlo, sin importar el nivel de agrado o simpatía que se les guarde (el respeto no “tiene que ganarse”, viene dado con la vida, por lo que se le debe a todo el mundo). Para el profesor Julio de Zan, “la ética alude a una concepción de la buena vida, a un modelo de la vida virtuosa y a los valores vividos de una persona o una comunidad”, pues la ética –precisa- “se interesa por el bien o el ideal de la vida buena y de la felicidad”.

Profundizar en la idea de que son los valores lo que nutre la ética de una sociedad, conduce a la necesidad de reconocer –otra vez- la actual crisis de valores que enfrenta la sociedad mexicana (provocada por ella), y no porque sea nueva, sino porque ha escalado a niveles alarmantes y está costando mucho. Algunos ejemplos que acreditan tal situación son el bajo nivel de participación de los mexicanos como voluntarios en actividades solidarias; la creciente desconfianza entre todos; la predominancia de las preocupaciones económicas sobre las debidas a violaciones de derechos humanos; el aumento de la indiferencia (que en ocasiones se disfraza de tolerancia), y el incesante rechazo a la diversidad.

En Ética para Amador, Fernando Savater reflexiona acerca de lo prescindible que son ciertas cosas, conocimientos y habilidades en la vida: “se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni futbol, incluso sin saber leer ni escribir…”; pero también de lo imprescindible que resultan otras, entre ellas, las que derivan de la ética y la moral: “saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir -todos sin excepción- por la cuenta que nos trae”.

Ahora bien, ¿cómo trabajar en la ética? Cortina sugiere una serie de acciones encaminadas a hacer fecunda y sacar el mejor partido posible de nuestra capacidad moral, para obtener un buen rendimiento ético: abaratar costes y crear riqueza (un mundo más barato en dinero y sufrimiento); labrarse un buen carácter; querer cuidar (cuidar de sí mismos y cuidar de otros); transitar del egoísmo estúpido a la cooperación inteligente; conquistar solidariamente la libertad; reconocer y estimular lo que vale por sí mismo; ser profesionales, no sólo técnicos; construir una democracia auténtica; conjugar justicia y felicidad. He aquí la apuesta por la ética, y la forma de ganarla.
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