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19 Abril 2017 04:00:00
» Secreto profesional IX
NOVENA PARTE

Concluimos por ahora con lo acordado, así se manifiesta sobre el DERECHO AL SECRETO PROFESIONAL DE LOS PERIODISTAS el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, doctor Porfirio Barroso Asenjo en su cátedra titulada: “PERIODISTA, TEOLOGÍA MORAL”; en esta ocasión, no queremos hacer ningun apunte al respecto, puesto que su pensamiento empata con la tesis que sostiene desde hace muchos años el Gremio Periodístico Organizado de México, por tanto el maestro apunta:

“El secreto profesional del periodista es mencionado en el artículo 2 de la Constitución española de 1978: ‘Se reconocen y protegen los derechos: a) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades...’

La gran mayoría de países lo tienen como materia jurisdiccional bien a través de los tribunales de justicia o en los casos presentados en los Press Councils. El secreto profesional del periodista constituye un derecho y un deber moral, y a veces también jurídico, de guardarlo.

El derecho del periodista a la protección de sus fuentes informativas es un derecho derivado del derecho a la información o de la simple libertad de prensa. No se puede garantizar esta sin un derecho al libre acceso a las fuentes de información y otro derecho a la protección de las fuentes o secreto profesional. Sin estos dos derechos derivados no se puede hablar del derecho a la información, la libertad de prensa no existiría.

No hay, por tanto, privilegio de los periodistas respaldados tras el secreto profesional. El privilegio en tal caso pertenece al público, sujeto paciente del derecho colectivo a estar informado libremente. Información que no puede ser tal si faltan esos dos derechos subsidiarios. En tal sentido, el privilegio de no revelar las fuentes de información es un privilegio del público, no del periodista en cuanto tal.

El periodista no reclama este derecho o privilegio para sí mismo, sino para sus dobles clientes: Las fuentes de información y el público. El público es el beneficiario del secreto periodístico, como lo es el penitente del sigilo sacramental, el defendido por parte del abogado o el paciente en el caso del médico. Ni periodista, ni sacerdote, ni abogado, ni médico, sino sus respectivos clientes.

Aunque todos estos profesionales coincidan en que ellos disfrutan del derecho al secreto profesional reconocido legal y jurídicamente –constitucionalmente en el caso del periodista en España–, sin embargo el objeto o contenido del secreto es diferente en el periodista que en los demás profesionales mencionados. Estos últimos –sacerdote, abogado, médico– reciben la información con la condición de que no sea divulgada, sino mantenida en secreto; mientras que el periodista recibe la información para que sea comunicada al público. ¿Dónde está, pues, el secreto?

En la no revelación de los nombres de las personas que les han facilitado la información, en no publicar nada off the record o que se les haya revelado bajo confidencia con la condición implícita de que no lo desvelen. Tampoco podrá mostrar los documentos que posea si esta acción condujera a la identificación del origen o la fuente de los mismos. Debe mantener el anonimato. Deberá tener cuidado exquisito cuando le pasen alguna filtración y procurar que nunca se descubra el filtrador, mataría para siempre al mensajero”.

En México nos matan a todos, ante la impaciencia de los comunicadores, la complicidad de autoridades y la corrupta impunidad reinante. CONTINUARÁ.

Agradeceré sus comentarios y críticas en .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo), .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
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