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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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25 Marzo 2018 04:00:00
Semana Santa
Sin importar el credo religioso que se profese -o ninguno- la Semana Santa, clave en la tradición judeocristiana, fue en tiempos idos un lapso de recogimiento, meditación y restauración espiritual. Ya no.

Hoy en día, desde el viernes mismo de Dolores las ciudades se vacían y los balnearios se llenan a rebosar, a pesar de las crisis económicas.

Desde antes de aproximarse el Domingo de Ramos, entre los estudiantes y entre quienes no lo son, huele ya a vacaciones y se respira el afán de alejarse de la cotidiana rutina, reponerse de la fatiga y dejar que el estrés se diluya en las aguas del mar, o en relajantes cócteles y otras bebidas al lado de un asador.

Las señoras mayores, en otros tiempos, cubrían con velo su cabeza y los varones vestían de luto. Todavía alientan en este mundo personas que atestiguaron esas costumbres perdidas. La radio enmudecía esos días dedicados a la oración y al culto, y qué decir de la televisión, que apenas asomaba su entonces regordeta y luminosa cara.

Hace ya mucho tiempo que eso se acabó. El frenesí de la diversión se adueñó de la escena y de santos los días que vienen no tendrán nada para los más que, como “spring brakers” autóctonos, se lanzarán a las playas y, si no pueden, a los “antros”, las fiestas, carnes asadas y demás saraos y huateques por el estilo, rociadas las suculentas viandas –dirían los clásicos de sociales- por galones y más galones de cerveza, vino, y uno que otro licor de más fuerza.

Así y todo, aún para quienes no profesan la fe cristiana o cualquier otra, es tiempo apto para reflexionar, especialmente cuando la Semana Santa viene a caer en medio de tantas tribulaciones como las que se viven en México por estos días de pesares, preocupaciones y riesgos que son, en medio de nuestro devenir histórico, inusitados.

¿Cuál es, en las circunstancias, el mejor provecho que pueda obtenerse del asueto? Lo dicho: Son días propicios para la reflexión, para mirar adentro y alentar al espíritu a fin de que se anime a retomar su papel en la vida, tan disminuido como está por el creciente terreno que la materia, con frivolidad, le ha ganado.

Si teme salir o no puede hacerlo, no salga, entre. Que la introspección sea su compañera de viaje este año y que sea productiva, aún cuando no pueda o no quiera hacer los ejercicios espirituales de San Ignacio o seguir las devociones y ritos religiosos. No desdeñemos el potencial de la mente y del espíritu, a los que bien vale la pena vigorizar estos días, con la mente abierta y sin tensiones.

Cuestiones que ofrecen materia para dedicarles tiempo y calma sobran. Por ejemplo: ¿Cómo hacer que nuestra patria -y el mundo- sean cada día más justos?, ¿cómo lograr que en la solidaridad encontremos los rastros de la responsabilidad que es indispensable complemento de la libertad?, ¿acaso la sumisión es una actitud provechosa y constructiva o, por el contrario, destruye y denigra?, ¿qué importa más, ser o tener? ¿podemos “ser” solos, o necesitamos a los demás para conseguirlo?

Como esas hay muchas más, muchísimas, de cuyas respuestas depende, en buena medida, el futuro de este país.

Quienes no participen de las convicciones religiosas que evoca la Semana Mayor, podrían bien meditar sobre, por ejemplo, la historia de este país y su entorno internacional, para adentrarse en las vías de un desarrollo cívico informado y con visos de perdurabilidad creciente.

Pienso en ello cuando leo “El Senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza”, del doctor en historia Rodolfo Villarreal Ríos (INHERM, 2017).

Bien escrito, ameno, con pleno rigor académico, no es una novela histórica, pero es historia que fluye y atrapa como cualquier buena novela. No tengo reparo alguno para recomendarlo muy ampliamente. De cualquier modo, es lectura obligada.

En todo caso, que tengan un provechoso asueto. Nos reencontramos aquí el 8 de abril próximo.
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