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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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14 Mayo 2017 04:00:00
Senda de perdición
Hoy, las lesiones de la conciencia son otras. Si ayer se hablaba de la lujuria –ahora es un placer considerado legal y hasta necesario- hoy puede hablarse de la depravación hasta su último nivel en el cual cohabitan todo tipo de perversiones bajo el falaz argumento de que todos podemos hacer con nuestro “cuerpo” cuanto queramos, incluso incinerarlo como los otrora extremistas cuyas vidas cobraban forma con sus muertes.

¿Pereza? Muy superada ya por los miembros del gabinete aunque ahora la nombramos negligencia, extrema en todos los casos, sobre todo cuando llegan retrasados a las grandes catástrofes o ni siquiera se asoman a ellas. El señor De la Madrid, situado ahora en el inframundo, no supo cómo reaccionar tras los sismos devastadores de 1985 y su criminal ausencia no puede ni siquiera cuantificarse en víctimas; los fox, como sabemos, no tuvieron arrestos siquiera para presentarse en Pasta de Conchos, Coahuila –subrayó el nombre de las entidades con la esperanza de que alguien se los lea al mandatario federal en funciones-, en febrero de 2006, donde murieron calcinados, casi al instante, 65 mineros víctimas de temperaturas superiores a las de los crematorios y engañando a los familiares sobre la posibilidad de hallarlos con vida durante varios días; ni qué decir de los Calderón, ella y él naturalmente –igual que Marta y Vicente, Felipe y Margarita quien busca ser candidata presidencial bajo el síndrome Hillary-, cuya apatía fue notable en torno a uno de los mayores dramas que recordamos: El incendio de la guardería ABC de Hermosillo en donde perdieron la vida cuarenta y nueve bebés y cuya concesión encabezaba Altagracia Gómez del Campo, prima de Margarita, la postulante, quien la protegió bajo el peso de la impunidad presidencial.

Si me hablan de la gula señalo, de inmediato, a Agustín Carstens Carstens –quien no está enfermo de la tiroides sino su volumen se debe a la glotonería-, quien cuenta, en frente de los pobres, los dólares que administra como si se tratara de un cajero. Pero no deja de comer en espléndidos festines pantagruélicos, como sello de la casa. El viejo pecado ahora posee a los sibaritas quienes se acogen al término “gourmets”.

La envidia nos ha llevado al odio hacia cuanto se tiene fuera del alcance. Algunos misántropos, como los verdes con todo y la jauría de los “charritos” de plata –o churreros como me indicaron los verdaderos charros mexicanos quienes insisten en que para serlo se requiere un poco de gallardía-, proponen que los animales deben ser tratados como superiores en la escala zootécnica porque entre los seres humanos hay demasiados pederastas, por ejemplo, o sinvergüenzas como los del PRI... al que se aliaron para conservar un estatus que no merecen. La envida es ahora intolerancia.

Y en cuanto a la avaricia los prevaricadores del gobierno han roto los límites. JAMÁS había sido tan notoria la desvergüenza de la clase gobernante ni su insistencia en seguir cometiendo el delirio ansioso de la posesión de bienes muebles e inmuebles como signo de estatus. Nos están robando a manos llena y no parece existir una fórmula para detener la cruzada, no contra el hambre sino a favor de la especulación miserable con el estímulo de los consorcios trasnacionales que mandan. De otra manera, como mínimo, se habrían confiscado las casitas blancas, supuestamente en donde fundó su nido la gaviota, o las mansiones de Videgaray, Murat, Osorio Chong y toda una parvada de delincuentes peñistas.

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