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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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08 Octubre 2017 04:01:00
Separatismo vanidoso
Resulta paradójico y desalen-tador que en un mundo globalizado, donde la red de relaciones económicas es cada vez más ancha y abierta, la comunicación se ha vuelto instantánea, aboliendo distancias y fronteras, y el intercambio cultural es asunto cotidiano, se produzcan movimientos separatistas radicales tendentes a desintegrar acuerdos multinacionales construidos con enormes esfuerzos. Y lo que resulta más preocupante es que al parecer el separatismo se alimenta de vanidad, no de la reflexión y el cálculo.

El regionalismo a ultranza se manifestó primero con el Brexit, por el cual la Gran Bretaña abandonó la Unión Económica Europea (UEE) después de 43 años de pertenecer a ella. Ahora, en un ámbito nacional, pero de consecuencias no menos desastrosas, Cataluña pretende separarse de España y convertirse en país independiente. Tanto ingleses como catalanes están apostando por la balcanización del Viejo Continente, cuya unidad fue pensada después de la Segunda Guerra Mundial para evitar conflictos entre naciones y los astronómicos costos en vidas humanas y daños materiales provocados por estos.

El proyecto llevado a la realidad ha traído grandes beneficios, y no sólo a los países altamente industrializados, como es el caso de Alemania, sino a los menos avanzados, los cuales reciben fuertes apoyos de la UEE con la intención de cerrar la brecha que los separa de los económicamente poderosos.

Para principiar, la independencia de Cataluña supondrá su exclusión inmediata de la UEE, lo que le representará la ruptura de acuerdos comerciales de vital importancia con el resto del continente. Esto supone la reducción de las exportaciones acordadas en el seno de la Unión Europea. Aunque eventualmente los acuerdos podrán ser reconstruidos, no será al corto plazo y sin dificultades.

Estudios atendibles acerca de las repercusiones de la separación de Cataluña de España apuntan que la secesión resultará ruinosa para los mismos catalanes. Una de las primeras consecuencias sería la salida del equipo de futbol Barcelona de la Liga Española. Y este no es un asunto frívolo ni baladí, pues involucra no solamente al mundo del deporte, sino también, y de manera importante, a la economía.

El equipo representativo de la Ciudad Condal es una de las organizaciones deportivas más costosas del mundo. Su valor, según datos proporcionados por Raymundo Rivapalacio el viernes anterior, es de 993 millones de dólares. A esta cantidad deben sumarse los mil 690 millones de dólares que recibe el equipo por derechos de televisión y los mil 388 millones provenientes de la venta de copias de las camisetas de sus estrellas y de souvenirs. Un mundo de dinero.

En el plano meramente deportivo, al salir de la Liga Española, y mientras la ONU no reconozca a Cataluña como nación independiente, el equipo queda fuera de las competencias europeas y del Mundial de Futbol. Duros golpes para una de las aficiones más apasionadas del planeta, pues los hinchas del azulgrana se cuentan por centenas de miles repartidos en todo el orbe.

Por otra parte, aún antes de oficializarse unilateralmente la secesión, un buen número de empresas optaron ya por trasladar sus sedes fuera de Cataluña.

Visto lo anterior desde la perspectiva local, aunque las circunstancias son diametralmente distintas, es deseable que quienes pugnan por la creación de un estado de La Laguna separado de Coahuila antepusieran la razón y el cálculo a la vanidad nacida de una real o supuesta autosuficiencia.
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