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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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03 Enero 2017 04:00:00
Ser efectivos, el reto nuestro de cada año
Pasadas las fiestas, felicitaciones y los buenos deseos por las celebraciones decembrinas, de vuelta a la realidad. La Navidad y la llegada de un año nuevo son acontecimientos que casi siempre producen estados de ánimo positivos. El descanso, la convivencia con la familia y los amigos, los regalos, la comida en abundancia y, en algunos casos, la disponibilidad de más dinero que el resto del año, envuelven a las personas en un ambiente reconfortante de paz, alegría e ilusiones.

Después de eso, en los primeros días del año, viene un periodo de reflexión que todavía alcanza a ser permeado por las emociones de las semanas previas, pero que dura poco. Enseguida, como a mediados de enero, se presenta un espacio de varios días y, en el mejor de los supuestos, de semanas, impregnado por la esperanza que produce la preciada oportunidad de iniciar de nuevo, que trae consigo el año que recién ha comenzado. Es este el momento de clarificar los propósitos y de comenzar las acciones que forjen los hábitos que conduzcan a su éxito. Podría afirmarse que se trata de los días del año en donde la humanidad alcanza el grado más elevado de optimismo. Aquí nos detendremos, justo antes de la famosa “cuesta”.

Un buen propósito que englobe a todos los demás que suelen enlistarse para cumplir durante el año nuevo puede ser este: lograr que los 365 días sean como en Navidad; o bien, que las preocupaciones, situaciones, limitantes y los múltiples imprevistos no frustren la paz, el bienestar y la alegría constantes. Vaya, que siempre se esté, por lo menos, bien, y en ocasiones (muchas, si se puede) muy bien. Para ello, vale la pena recordar una lección compartida de modo recurrente por expertos y sabios: no perder de vista que la felicidad debe hallarse en el camino y no en el destino.

Ahora bien, ¿cómo encontrar la felicidad en el camino? La respuesta radica en la forma en que pretenden cumplirse los propósitos. Para ello es esencial ser efectivos, lograr ir más allá de las intenciones para forjar hábitos, alcanzar objetivos específicos y metas parciales, lo que resulta esencial –por motivante– para la satisfacción de los objetivos generales, pero, sobre todo, para, precisamente, hallar la felicidad en el camino y hacer de ella una forma de vida. Cabe aclarar la conveniencia de no entender por “felicidad” la ausencia de problemas ni la sonrisa imborrable en el rostro, sino la existencia de equilibrios que, amén de las tempestades, no perturben el espíritu ni demuelan el ánimo.

La pregunta obligada es, entonces, ¿y cómo ser personas efectivas? Para Stephen R. Covey (1991), los siete hábitos de la gente altamente efectiva son ser proactivo; empezar con un fin en la mente; establecer primero lo primero; pensar en ganar/ganar; procurar primero comprender y después ser comprendido; hacer sinergia, y afilar la sierra. De acuerdo con Covey, “afilar la sierra” significa hacer un alto en el camino, o más bien, hacer altos con frecuencia para reflexionar, repensar y dar expresión a las cuatro dimensiones de la naturaleza humana (equilibrarlas): la física, la espiritual, la mental y la social/emocional. Esto se logra a través de diversas actividades, como hacer ejercicio, controlar el estrés, servir a los demás, sentir empatía, clarificar los valores y comprometerse con ellos, estudiar, meditar, leer, planear y escribir; así como haciendo de cada una de estas actividades una fuente de satisfacción.

En este sentido, es vital que las personas no duden de su capacidad para alcanzar el nivel de efectividad que requieren a fin de concretar sus propósitos. Todas las personas, aunque diferentes y en circunstancias distintas, poseen tal capacidad. Esto es así toda vez que la capacidad depende mucho más de la voluntad que de la inteligencia. Los seres humanos son del tamaño de su voluntad.

Las primeras palabras John C. Maxwell en su libro El Talento Nunca es Suficiente (2007), son: “El talento con frecuencia está sobrevalorado y por lo general mal entendido”. Para este experto en liderazgo, el talento –mucho o poco, el que se tenga– requiere de decisiones y acciones para dar resultados. Estas decisiones pueden potenciar las capacidades, reducirlas y hasta anularlas. Maxwell señala que el reto radica en creer, apasionarse, tener iniciativa, enfocarse, prepararse, practicar, perseverar, adquirir valor, tener disposición de aprender, fortalecer el carácter, relacionarse con otras personas, ser responsables y trabajar en equipo.

Estos consejos pueden ser de gran utilidad para definir los propósitos, encaminarse hacia su cumplimiento y, principalmente, para ser efectivos, es decir, para obtener resultados (la felicidad cotidiana debe ser el primero). Esta cita de Peter Drucker, compartida por Maxwell, sintetiza puntualmente la función de dos ingredientes sustanciales, la pasión y la perseverancia: “la inteligencia, la imaginación y el conocimiento son recursos esenciales, pero sólo la efectividad los convierte en resultados”. Probemos. Finalmente tenemos tantas oportunidades como queremos, pues es falso que estas, las oportunidades, se dan sólo una vez en la vida, siempre están ahí, nada más hay que construirlas, identificarlas y aprovecharlas. ¡Feliz Año Nuevo!
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