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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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05 Noviembre 2016 03:00:00
Si en algo te ofendí
Perdón. Y Norberto Rivera, cardenal del Medievo, pega el reculón. “Pido perdón por las alusiones ofensivas a gays. Sepan que de ninguna manera mi intención ha sido ofenderles”.

¿No? ¿Y entonces?

Es el mismo político de sotana que apenas ayer, desde el púlpito, advertía a todos sus feligreses:

- La única orientación sexual válida es la heterosexualidad.

Entretanto, en el púlpito, índice en alto clamaba Javier Lozano, Cardenal:

-¡Los homosexuales nunca entrarán en el reino de los cielos!

Y las ironías de prelados católicos: “¿A ustedes les gustaría que los adopten maricones? Lo que ocurrió fue que el anterior jefe de Gobierno de la ciudad y organismos internacionales maicearon a los ministros de la Suprema Corte para que avalen parejas del mismo sexo y que puedan adoptar”.

Y la picardía juguetona del Obispo de Durango, la capital:

“¿No será que Peña busca, en lugar de Gaviota, un Gavioto?”

Muy distinta sería la conducta de un padre (de familia) ejemplar como el reverendo Marcial Maciel, solapado y protegido por Norberto Rivera al ejemplo de Karol Wojtyla desde el Vaticano.

Insinuaciones tabernarias, retruécanos de burdel con los que se befó y se vejó de “viles maricones” a seres humanos, y por ello mismo dignos de todo respeto y consideración. No se trató del individuo bestializado que a la mitad de un linchamiento enciende la gasolina para la quemazón de quienes, atenidos a la ley, hubiesen contraído matrimonio igualitario. No, que fueron obispos y cardenales de la Iglesia católica.

¿Castigo a los boquiflojos? ¿Castigo al jerarca de un gremio que con los grandes capitales y la industria del periodismo ayudó a que alguno, haiga sido como haiga sido, se entronizara en Los Pinos, y algún otro no quisiera joder al país? Si el nuestro, como lo jura el discurso oficial, fuese un estado de derecho...

Y a propósito de la efeméride que acabamos de conmemorar, la afirmación del estudioso: “En 1968 el episcopado no se atrevió a denunciar las flagrantes violaciones a los derechos de manifestación de los mexicanos ni la matanza del 2 de octubre, y sólo unos cuantos obispos abogaron por la liberación de los presos políticos. Monseñor Sergio Méndez Arceo fue quizá el único que intentó promover una iniciativa (que no prosperó) en la Conferencia del Episcopado Mexicano para la consideración del caso y el único que se atrevió a denunciar los ataques que sufrieron dichos presos por parte de las autoridades carcelarias y de los reos comunes”.

De la sañuda violación de los derechos humanos perpetrada por Echeverría en perjuicio de guerrilleros a los que mandó torturar y asesinar durante la guerra sucia, ¿qué dijo Norberto Rivera? ¿En qué forma protestó el Cardenal? ¿Y de las matanzas de El Bosque y El Charco perpetradas por miembros del Ejército? ¿Y del derramamiento de sangre por parte del matancero Calderón, con todo y el 10% de daño colateral (estudiantes, mujeres, ancianas, niños), y de los casi 28 mil desaparecidos en estos tiempos de Peña el viajero, ese que propuso lo que ya la Suprema Corte de Justicia de la Nación había legalizado, el matrimonio y la adopción por parte de personas del mismo sexo?

¿Y de la alucinante matanza de religiosos de Las Abejas, comunidad de Chenalhó, Chiapas, que oraban cuando fueron masacrados por paramilitares a las órdenes del Sistema de poder? ¿Contra tal abominación protestaron los obispos, el clérigo Hugo Valdemar y Norberto Rivera, Cardenal?

Tartufos, gesticuladores, hijos amados de san Wojtyla y el padre Maciel.

(Hipócritas.)
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