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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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29 Mayo 2020 03:51:00
Si Morelos viviera
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Hay una diversidad de frases que se atribuyen a don José María Teclo Morelos Pérez y Pavón, todas ellas llenas de sabiduría y amor patrio, y más allá, oraciones que han sido pilares para construir un marco legal que cuida y exalta los derechos imprescindibles de los ciudadanos mexicanos.

Como prueba de lo anterior, basta con echar un vistazo a las discusiones que provocaron estas frases en la elaboración de la Constitución de Apatzingán y la Federal de 1824, e incluso en diversas leyes posteriores, en las cuales las palabras de Morelos renacían en cada momento. Entonces, no debe haber duda alguna del valor y alcance de sus enunciados, y mucho menos se debe dudar de su autoría.

Así pues, y a pesar de que existen diversas sentencias o doctrinas del “Siervo de la Nación”, hay una frase que merece ser mencionada de manera especial, por su naturaleza y esencia, la cual ha hecho que se convierta en la premisa mayor sobre la que se debe erigir cualquier sistema judicial, ya que las instituciones que imparten justicia necesariamente deben acogerse a la misma y convertirla en su mayor aspiración, y que es esta: “Que todo aquel que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el arbitrario”. Sin duda, la frase más célebre emitida por Morelos.

Y es que de esta oración no solo se desprende la obligación del Estado de proveer un sistema de justicia capaz de dar a cada quien lo que merece, sino que de la misma se aprecia la palabra amparo, como primera ocasión. Desde entonces, dicha palabra ha tomado un gran significado en la mente de los mexicanos, mayormente cuando estamos en alguna situación desfavorable, y más si la misma tiene que ver con autoridades del Estado, entonces de inmediato recordamos que existe la posibilidad de encontrar amparo y protección de los tribunales supremos.

¿A qué viene todo esto?

Pues bien, como verdadera desgracia sucede que, desde la aparición de la actual pandemia, los primeros que decretaron su resguardo fueron los tribunales federales, los cuales de inmediato opusieron extrema distancia para con los ciudadanos comunes. Por tal motivo, desde el 18 de marzo y hasta la fecha han mantenido una escandalosa suspensión de actividades, según para evitar la propagación del Covid-19.

Así pues, y desde entonces, los juzgados de distrito, de circuito y hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación mantienen una lánguida guardia que evita resolver cualquier caso que se ponga a su consideración, y se limita solo a recibir alguna que otra demanda de amparo, esto si a criterio del funcionario de oficialía le resulta importante, criterio hasta hoy indefinido.

Aunado a lo anterior, el problema empeora cuando los juzgados locales de todas las materias reiniciaron actividades que implican emitir resoluciones, las que a decir verdad, en buen número son violatorias de las garantías ciudadanas. Entonces, aquí es cuando se echa de menos la actividad del tribunal que supuestamente se encarga de velar por el cumplimiento de las mismas, el cual sigue en el encierro total y con ello, negando su protección y amparo. Es decir, que por lo pronto la ciudadanía coahuilense carece de un tribunal que la escuche, la ampare y la defienda contra el juzgador arbitrario, acción que echa por tierra el sueño de justicia del generalísimo Morelos.
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